viernes, 15 de febrero de 2013

Conociendo a los Candidatos - Angelo Bagnasco

Entre otras cosas, la (renuncia - dimisión, todavía no nos ponemos de acuerdo) de Benedicto XVI ha servido para desempolvar viejas discusiones. Todavía escuchamos algunos que dicen no preocuparse porque al papa lo elige directamente el Espíritu Santo.  Es increíble encontrar a laicos con o sin formación teológica, seminaristas, diáconos o sacerdotes (todavía no me lo dijo ningún obispo), que creen en esta historia sacada de no se que manual de teología y basada en no se cual acto magisterial. Al parecer, creen que los cardenales son marionetas en manos de un Espíritu que le dice a algunos votar por A y a otros votar por B. También creen que fue el pobre Espíritu Santo quien eligió a "joyas" como Alejandro VI o Julio II. O peor aun que se encarno en Marozia para digitar la "pornocracia romana" del Siglo X. Justifican a uno y a otros diciendo que eran el mal menor. Como si Dios no pudiera elegir el mayor bien en absoluto o como si el pontificado fuera una cosa tan baja que lo pudiera ejercer cualquiera. Que quede claro, estos papas no se corrompieron al ejercer la autoridad. Eran claramente corruptos antes de ser elegidos. 
Sorprendidos quedan cuando uno le dice que no es así. Y porque creen ser los adalides de la ortodoxia, lo tratan a uno de modernista por más Syllabus que haya jurado y aunque este haciendo una novena para que el próximo papa sea el cardenal Albert Ranjith Patabendige.
Pero no. Decimos una vez más, al papa lo elige el Colegio Cardenalicio. A los cardenales los asiste el Espíritu Santo, pero como todos los hombres, ellos lo pueden escuchar y dejarse guiar o pueden seguir por las suyas. Esto no quita un ápice a la autoridad del Pontífice. Es de institución divina que la Iglesia sea gobernada por una jerarquía. Una vez que el Colegio elige, el Espíritu Santo lo asiste haya o no haya sido querido por él. Pero Dios nos quiere verdaderamente libres y no marionetas suyas.
Boris Gelfand

Conozcamos a nuestro candidato de hoy. El cardenal Angelo Bagnasco nació hace 70 años en Pontevico, provincia de Brescia. Es por lo tanto Lombardo, pero de familia genovesa (Liguria). Estudió en uno de los liceos clásicos impulsados por Mussolini, tan queridos por los italianos, que dan una formación profunda en el latín, el griego y las letras clásicas. A los 23 años fue ordenado sacerdote por el obispo de Génova Giuseppe Siri, cabeza del sector más conservador de la Iglesia italiana. La figura de Siri, que aparecerá de nuevo en otros candidatos, es fundamental para entender la Iglesia de los últimos 50 años. Siri fue un claro candidato al papado después de la muerte de Pío XII, y alrededor de él se juntaron las voces más críticas a la Iglesia del post-Concilio (voces como la de Amerio). Siri fue siempre fiel (mas allá de las leyendas que dicen que le habrían ofrecido ser papa de los descontentos), y también lo fueron la mayoría de sus discípulos sin dejar de ser críticos. Bagnasco está dentro de esa línea. 
Estudió filosofía en la Universidad Estatal de Génova, enseñó italiano en el liceo y metafísica y ateísmo contemporáneo en la Facultad Teológica de Italia Septentrional. Además trabajó en la curia de la diócesis de Génova, y fue asistente espiritual de la federación de estudiantes universitarios y del grupo scout, dos grupos importantes de la "juventud católica" de Italia. 

Su carrera episcopal comenzó en Pesaro hace 25 años. Después fue obispo del ordinariado militar y finalmente desde el 2006 fue sucesor de Bertone como arzobispo de Génova. Desde allí se convirtió en presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cual es elegido directamente por el papa y no como en el resto de las conferencias episcopales, por sus pares.
Mucho se podría decir de Bagnasco. Esta fuera de duda su ortodoxia como buen hijo espiritual de Siri. Es cabeza del sector más conservador de la Iglesia Italiana que lo ve a la derecha de Scola y más accesible que Caffarra. Sería claramente un continuador de las políticas litúrgicas de Benedicto XVI, pero en otros ámbitos no parece estar a la misma altura intelectual. En Génova tienen muchas de las virtudes de la Iglesia de principios de siglo. Pero también tienen algunos de sus defectos. 
Por otra parte, en estos últimos años ha comenzado a jugar sus cartas en la política italiana y no siempre parece haberlo hecho bien. Primero apoyó a Mario Monti para las próximas elecciones pero termino por distanciarse de este. Quizás por ciertas alianzas del premier. Quizás para no quedar pegado a una derrota. 
Según algunos su ascenso estuvo marcado por Bertone, pero hoy tiene en el Secretario de Estado uno de sus máximos opositores.

Pedro Luna

martes, 12 de febrero de 2013

Conociendo a los Candidatos - Peter Turkson

Sigamos rumiando y meditando la renuncia del papa. Una de las cosas que más ha pasado por alto, incluso la "prensa católica" es el hecho de que Benedicto XVI se retira a rezar a un monasterio. Aquellos que lo conocen dicen que varias veces había presentado la renuncia como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y esperaba volver a su Baviera natal a vivir con su hermano y su hermana, a estudiar y rezar. Incluso tenía todo preparado al final del pontificado de Juan Pablo II. Finalmente se quedará en Roma. El mal pensado dirá que tenía que "salir de circulación" y volver a su Baviera natal no hubiera sido buen signo. Como sea, sería bueno que todos los cristianos apreciaramos el ejemplo. Por más importantes que sean nuestras tareas (y pocas son más importantes que ser papa) debemos dejar todo de lado para caminar el tramo final de nuestra vida con el bastón de la oración. Dice Lewis "¡Cuanto mejor para nosotros si todos los humanos muriesen en costosos sanatorios, entre doctores que mienten, enfermeras que mienten, tal y como les hemos enseñado, prometiendo vida a los agonizantes, estimulando la creencia de que la enfermedad excusa toda indulgencia!". El último acto de un papa que cree que también se gobierna con gestos fue dejar todo poder para prepararse al encuentro con el Señor.

Sigamos conociendo a los candidatos. Hoy pensaba presentar algún cardenal cuyo apellido comienza con la letra B. Y hay varios candidatos. Pero leo que no se que casa de apuestas da como favorito a Turkson. Es un poco gracioso ver los análisis de aquellos que no tienen fe. Según dicen la Iglesia ya esta preparada para un papa de raza negra. Como si alguna vez no lo hubiera estado. Ahora, en cambio sería una buena acción de marketing. Si hasta EE.UU. rompieron el tabú. Me hace acordar a Ecclestone cuando decía que Hamilton era bueno para la F1 porque era negro (siempre son útiles las metáforas deportivas). Yo creo que Turkson no tiene muchas chances. En el Sacro Colegio no son tan racistas como para elegir a un papa por su color de piel. Pero quien sabe...

Boris Gelfand

Peter Kodwo Appiah Turkson (ay! ay! otro Peter, pero este no muy romano), nació Wassa Nsuta el 11 de octubre de 1948 (tiene 64 años, lo que daría presumiblemente un pontificado largo), en Ghana, un país del oeste de Africa (el pais de Kofi Annan!), con solo un 15% de católicos (menos que los pentecostales, los protestantes no-pentecostales y los islamistas). Su madre era metodista y su padre católico. Estudió en el Semianrio menor de Ghana y siguió sus estudios de Teología en EE.UU. Es doctorado por el Pontificio Instituto Bíblico (ufff!, un biblista). En 1992 Juan Pablo II lo nominó obispo de Cape Coast y diez años después fue creado cardenal, por lo que participó en la elección de Benedicto XVI. El en 2009 fue convocado como presidente del Ponticio Concejo Justicia y Paz, un puesto que, dentro de la estructura vaticana, es de segundo orden. 
En el último sinodo de obispos se vio envuelto en una polémica al proyectar un video que mostraba el peligro que generaba el crecimiento demográfico del Islam.
En realidad, no parece que tenga chances reales de ser elegido. Hace poco tiempo que llegó a Roma y por lo tanto es presumible que todavía no se haya insertado en la estructura de la Curia. Además, procede de un país donde la presencia católica es muy menor. La "juventud", en su caso, también le juega en contra. 
Pero por ahora va primero en las encuestas.

Pedro Luna

jueves, 17 de enero de 2013

El síndrome de Macbeth



A partir del comentario del amigo Ludovicus en la última entrada de The Wanderer recordé un texto de George Orwell, que había leído hace tiempo y que me interesaba recuperar. Cosas de la libre asociación. Aquí lo dejo porque puede ser de utilidad en los tiempos que corren.


Macbeth: un comentario 
17 de octubre, 1943

Macbeth es probablemente la más perfecta de las obras de Shakespeare. Con esto quiero decir que, en mi opinión, se combinan en ella las cualidades de Shakespeare como poeta y dramaturgo más felizmente que en ninguna otra obra. Sobre todo hacia el final, está llena de poesía de la máxima calidad, pero además es una obra construida a la perfección, y de hecho seguiría siendo buena aun si se la tradujera muy torpemente a otro idioma. No quiero hablar aquí sobre la versificación de Macbeth. En pocos minutos más, podrán escuchar ustedes la representación de algunos pasajes. Simplemente me interesa Macbeth como tragedia, así que será mejor que haga un breve resumen argumental.
Macbeth es un noble escocés del Medioevo temprano. Cierto día, al regresar de una batalla en la que se ha distinguido particularmente y ha conquistado el favor del rey, se encuentra con tres brujas que le profetizan que él será rey. Otras dos profecías hechas por las brujas se cumplen casi de inmediato, por lo que resulta inevitable que Macbeth se pregunte cómo es que habrá de cumplirse la tercera profecía, dado que el rey, Duncan, está vivo y tiene dos hijos. Es obvio que casi desde que oye la profecía contempla la posibilidad de asesinar a Duncan, y si bien al principio vacila en hacerlo, su esposa, cuya voluntad parece ser más fuerte, lo convence. Macbeth asesina a Duncan, ingeniándoselas para que la sospecha recaiga sobre los dos hijos. Éstos huyen del país, y como Macbeth es el heredero directo, asciende al trono. Pero este primer crimen inexorablemente conduce a una cadena de crímenes, culminando en la zozobra y la muerte de Macbeth. Las brujas le han anunciado que aunque él llegará a rey, ningún hijo suyo lo sucederá en el trono, el cual quedará en manos de los descendientes de su amigo Banquo. Macbeth hace matar a Banquo, pero el hijo de éste escapa. También le han advertido que se cuide de Macduff, el Thane de Fife , y Macbeth sabe en forma vagamente consciente que es Macduff quien finalmente acabará con él. Intenta hacer matar a Macduff, pero una vez más, Macduff escapa, si bien su esposa y su familia son asesinadas de forma particularmente atroz. Una inevitable cadena de circunstancias lleva a que Macbeth, que comenzara como un hombre valiente y de ninguna manera malvado, termine siendo la típica figura del tirano aterrorizado, odiado y temido por todos, rodeado de espías, asesinos y psicofantes, que vive en permanente temor a la traición y la rebelión. De hecho, es una especie de primitiva versión medieval del moderno dictador fascista. Su situación lo obliga a ser cada vez más cruel a medida que pasa el tiempo. Mientras que al principio es Macbeth quien flaquea ante el asesinato y Lady Macbeth se burla de su debilidad, al final es Macbeth el que masacra mujeres y niños sin inmutarse y Lady Macbeth quien pierde la cordura y muere parcialmente demente. Y no obstante y he aquí el mayor logro psicológico de la obraB, Macbeth es siempre fácil de reconocer como la misma persona, que usa siempre el mismo tipo de lenguaje; no es una maldad congénita lo que lo impulsa a cometer un crimen tras otro, sino algo que le parece ser una necesidad insoslayable. Al cabo estalla la rebelión, y Macduff y el hijo de Duncan, Malcolm, invaden Escocia al frente de un ejército inglés. Las brujas han hecho otra profecía, que aparentemente le promete inmunidad a Macbeth. Cómo es que se consuma ese anuncio, y cómo es que acaba con la muerte de Macbeth sin verse desmentido, habrán de escucharlo ustedes en el fragmento que a continuación será representado. Finalmente lo mata Macduff, como Macbeth siempre supo que sucedería. Cuando ve con claridad el sentido pleno de la profecía, renuncia a toda esperanza y muere luchando por mero instinto de guerrero que debe morir de pie y sin entregarse.
En todas las grandes tragedias de Shakespeare el tema posee alguna reconocible conexión con la vida cotidiana. En Antonio y Cleopatra , por ejemplo, el tema es el poder que una mujer sin dignidad puede ejercer sobre un hombre valiente y dotado. En Hamle t, es el divorcio entre la inteligencia y la habilidad práctica. En Rey Lear es un tema bastante más sutil: la dificultad de distinguir entre generosidad y debilidad. Esto vuelve a aparecer más crudamente en Timon de Atenas . En Macbeth , el tema es sencillamente la ambición. Y aunque todas las tragedias de Shakespeare se pueden traducir en términos de la vida moderna y cotidiana, la historia de Macbeth me parece la más cercana a nuestra experiencia habitual. De forma relativamente inofensiva y a menor escala, todos hemos hecho alguna vez algo bastante similar a Macbeth, y con consecuencias equiparables. Si cabe decirlo, Macbeth es la historia de Hitler o Napoleón. Pero también es la historia de cualquier empleado bancario que falsifica un cheque, cualquier oficial de policía que acepta un soborno, cualquier ser humano que de hecho se aprovecha de alguna ventaja desleal para sentirse un poco más arriba y más adelante de los demás. Se basa en la ilusoria creencia humana de que una acción puede ser aislada, de que uno puede decirse a sí mismo Acometeré este único crimen, que me llevará hasta donde quiero llegar, y luego seré una persona respetable. Pero en la práctica, como lo descubre Macbeth, un crimen deriva de otro, aun sin que aumente la propia maldad. Su primer asesinato es para ascender de posición; los que siguen, incluso peores, son para defenderla. A diferencia de la mayoría de las tragedias shakespeareanas, Macbeth se asemeja a las tragedias griegas en cuanto se puede predecir su final. En general, uno ya sabe desde el comienzo qué es lo que va a pasar. Esto hace que el último acto sea más conmovedor todavía, pero sigo pensando que el principal atractivo de la historia es su carácter de lugar común. Hamlet es la tragedia de un hombre que no sabe cometer un crimen; Macbeth es la tragedia de un hombre que sí sabe. Y si bien casi ninguno de nosotros en realidad comete crímenes, el dilema de Macbeth está más cerca de nuestra vida diaria. 


sábado, 22 de diciembre de 2012

La Paradoja de la Navidad

Un año más ha brillado para nosotros el nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo; en él la verdad ha brotado de la tierra; el Día del día ha venido a nuestro día: alegrémonos y regocijémonos en él. La fe de los cristianos conoce lo que nos ha aportado la humildad de tan gran excelsitud; de ello se mantiene alejado el corazón de los impíos, pues Dios escondió estas cosas a los sabios y prudentes y las reveló a los pequeños. Posean, por tanto, los humildes la humildad de Dios para llegar a la altura también de Dios con tan grande ayuda, cual jumento que soporta su debilidad. Aquellos sabios y prudentes, en cambio, buscan lo excelso de Dios y no creen lo humilde, al pasar por alto esto y en consecuencia, no alcanzas aquello debido a su vaciedad y ligereza, a su hinchazón y orgullo, quedaron como colgados entre el cielo y la tierra en el espacio propio del viento. Son ciertamente sabios y prudentes, pero según este mundo, no según el que hizo el mundo. En efecto, si habitase en ellos la verdadera sabiduría, la que es de Dios y es Dios mismo, comprenderían que Dios pudo asumir la carne sin que él pudiese transformarse en carne; comprenderían que él asumió lo que no era permaneciendo en lo que era; que vino a nosotros como hombre sin separarse del Padre; que perseveró  junto al Padre en su ser y se presentó ante nosotros en el nuestro y que su potencia reposó en un cuerpo infantil y no se sustrajo al esfuerzo humano. Quien hizo el mundo entero cuando permanecia junto al Padre, él mismo es el autor del parto de una virgen cuando vino a nosotros. La Virgen Madre nos dejó una prueba de la majestad del hijo, tan virgen fue después de parirlo  como antes de concebirlio; su esposo la encontró embarazada, no la dejó embarazada él; embarazada de varón pero no por obra de varón; tanto más feliz y digna de admiración cuanto que, sin perder la integridad, se le añadio la fecundidad. Tan gran milagro prefieren aquéllos declararlo ficción y no realidad. Así, por lo que se refiere a Cristo, hombre y Dios, como no pueden creer lo humano, lo desprecian y como no pueden despreciar lo divino, no lo creen. Para nosotros en cambio, el cuerpo humano que tomó la humildad de Dios ha de sernos cosa tan grata como para ellos es abyecta, y el parto virginal en el nacimiento humano, cosa tanto más divina cuanto más imposible es para ellos. 
Por tanto, celebremos el nacimiento del Señor con la asistencia y aire de fiesta que merece. Exulten de gozo los varones, exulten las mujeres. Cristo nació varón, pero nació de mujer; ambos sexos quedan honrados. Pase, pues, ya al segundo hombre quien había sido condenado con anterioridad en el primero. Una mujer non indujo a la muerte; una mujer nos alumbró a la vida. Nació la semejanza de carne de pecado con la que se purificaría la carne de pecado. Así, pues, no se culpe a la carne, mas para que viva la naturaleza muera la culpa, pues nació sin culpa para que renaciera en él quien se hallaba en la culpa. (...)

El que, nacido del Padre, creó todos los siglos, consagró este día naciendo aquí de una madre. Ni en aquel nacimiento pudo tener madre ni en éste buscó padre humano. En pocas palabras; nació Cristo de padre y de madre y, al mismo tiemop, sin padre y sin madre. En cuanto Dios, sin madre, y en cuanto hombre sin padre. Pues ¿quien narrará su generación? Tanto aquélla, fuera del tiempo, como ésta, sin semen; aquella sin comienzo; ésta sin otra igual; aquélla que existió siempre; ésta, que no tuvo repetición ni antes ni después; aquella, que no tiene fin, ésta que tiene el comienzo donde el fin. Con razón, pues los profetas anunciaron que había de nacer y los cielos y los ángeles, en cambio, que había nacido. El que contiene el mundo yacía en el pesebre; no hablaba y era la Palabra. Al que no contienen los cielos, lo llevaba el seno de una sola mujer; ella gobernaba a nuestro Rey; ella llevaba a aquel en quien existimos; ella amamantaba nuestro pan. ¡Oh debilidad manifiesta y humildad maravillosa en la que de tal modo se ocultó la divinidad! Gobernaba con el poder a la madre, a la que estaba sometida su infancia, y alimentaba con la verdad a aquella cuyos pechos lo amamantaban. Complete en nosotros sus dones el que no desdeñó asumir también nuestros comienzos; háganos también hijos de Dios el que por nosotros quiso ser hijo del hombre. (San Agustín, Sermón 184).

lunes, 10 de diciembre de 2012

Respuesta de Ratzinger a Genjo



¿Debemos cambiar de nuevo todo? Nada es peor para la liturgia que los continuos cambios, aunque parezca tratarse de un efectiva renovación. Veo un camino de salida en una reflexión de Erik Peterson. Como hemos señalado precedentemente, se estableció una asociación entre la orientación hacia el Este y el "Signo del Hijo del Hombre", la Cruz, que anuncia el retorno del  Señor. El Oriente fue entonces puesto desde temprano en relación con el signo de la Cruz. Donde no es posible dirigirse concretamente hacia el Oriente, la Cruz puede servir como el Oriente interior de la fe. Esta debería estar al centro del altar y ser el punto hacia el cual pueda converger la mirada, tanto del sacerdote como de la comunidad orante. Sigamos así la antigua solicitud que se encontraba en la oración que comenzaba el pasaje hacia la celebración verdadera y propia de la Eucaristia: "Conversi ad Dominum" . Miremos entonces juntos a Aquel que con su muerte a rasgado el velo del templo,  Aquel que, por nosotros esta delante al Padre y nos acoge en sus brazos y nos hace el templo nuevo y viviente. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cantata de Adviento




Cantata BWV 36 - ELEVAOS ALEGRES HACIA LAS ALTAS ESTRELLAS

1.Coro

Oboes d'amore I/II all’unisono, violines I/II, viola y continuo


Elevaos alegres hacia las altas estrellas,
lenguas todas que en Sión estáis gozosas.
¡Pero esperad! El bullicio no debe llegar muy lejos,
pues se acerca a vosotros el Señor de la Gloria.




2.Coral (soprano y contralto)
Oboe d'amore I con sopranos, oboe d'amore II con contraltos y continuo


Ya viene el salvador de los gentiles,
el hijo de la Virgen, ante el cual se maravilla el mundo. 
Dios mismo ha ordenado este nacimiento.
         

3.Aria (tenor)

Oboe d'amore solo y continuo
    

El amor atrae suavemente
al bienamado.
Como novia gozosa
cuando ve al amado,
así sigue a Jesús un corazón.


4.Coral

Oboe d'amore I y violín I con sopranos, oboe d'amore II y violín II con contraltos, viola con tenores y continuo


Pulsad las cuerdas de la cítara
y que la suave música suene alegremente, 
para que pueda recibir a mi hermoso prometido con amor constante.
¡Cantad, danzad, alegraos triunfantes, dad gracias al Señor! 
Grande es el Rey de la Gloria.

5.Aria (barítono)
Violines I/II, viola y continuo    


Bienvenido, precioso tesoro,
mi amor y mi fe harán lugar
para ti en mi puro corazón.
¡Ven a morar en mí!

6.Coral (tenor)


Oboes d'amore I/II y continuo
    
Tú, que eres como el Padre,
danos la victoria sobre la carne, 
para que tu eterna fuerza divina mejore nuestra carne débil.


7.Aria (soprano)
Violín solo con sordina y continuo    


También con voces débiles y sordas
es adorada la majestad de Dios.
Resuene el alma para ello,
y sea tal el clamor a Él,
que lo oiga en el mismo Cielo.


8.Coral 

Oboe d'amore I y violín I con sopranos, oboe d'amore II e violín II con contraltos, viola con tenores, y continuo


Alabado sea Dios Padre,
alabado sea Dios, su Hijo unigénito, 
alabado sea Dios Espíritu Santo, 
por los siglos de los siglos.


Traducción: Saúl Botero Restrepo

Esta cantata la debió tener Bach en alta estima ya que hizo de ella no menos de cinco versiones diferentes. A la primera de ellas nos referimos en esta ocasión. Se trata de una cantata compuesta al parecer para el cumpleaños, en 1725, de un profesor de la Universidad de Leipzig. Dos de las posteriores versiones fueron destinadas también a celebraciones festivas: en 1726 para una princesa de Anhalt-Cöthen, y en 1735 para el profesor Rivinus de la misma Universidad. Dos versiones más fueron hechas con fines eclesiásticos, ambas como cantatas para el primer domingo de Adviento. De éstas se conserva la 36, que lleva el mismo título de la original. En las diversas transformaciones de la obra, los cambios se limitaron a la elección de nuevos textos y a la composición de nuevos recitativos, en tanto que las tres arias y el coro inicial difieren poco de esta primera versión (36c), cuyo texto fue escrito por Picander.
"Elevaos con alegría hacia los astros" son las palabras iniciales del radiante coro de apertura, compuesto para cuatro voces con orquesta de cuerdas concertante y un oboe d'amore. Este instrumento acompaña también al aria para tenor, "El amor guía nuestros pasos con dulzura" (III). Su delicada sonoridad confirma el carácter de música de cámara de la obra, que sin duda se ejecutó en la casa del desconocido personaje en cuyo honor fue compuesta. Se trata quizás del mencionado profesor de la Universidad, revestido ya de "la plateada insignia de la edad", según reza el texto del recitativo para bajo (IV). Homenajes musicales de esta clase eran frecuentes en los círculos estudiantiles de Leipzig. Con igual solemnidad se celebraban, además de cumpleaños, toda clase de fiestas relacionadas con la vida universitaria. Bach compuso diversas obras de este tipo, entre ellas la cantata profana "Eolo sosegado" (BWV 205), cuyo texto permite identificar el nombre del profesor que recibió el homenaje. No ocurre lo mismo con la presente cantata: su texto es una alabanza que, por su tono impersonal, pudo servir para otras ocasiones. El aria para bajo (V) canta el nacimiento del personaje en cuestión y tiene por acompañamiento un cuarteto de instrumentos de cuerda con bajo continuo; en tanto que el aria para soprano, "Con acentos velados podemos también proclamar la alabanza" (VII), traduce un ambiente festivo con la viola d'amore como instrumento acompañante. En la sección central de esta aria Bach recurre, como en una escena de caza, a efectos de eco. El coro final, "Así como los años se renuevan", es una gavota que Bach, en tres ocasiones, interrumpe con breves recitativos.
(Julio Sánchez Reyes, http://www.cantatasdebach.com/36.html).

jueves, 29 de noviembre de 2012

Dos ejemplos



Dos pequeños ejemplos de como razona Benedicto XVI. En el prefacio de su "Opera Omnia" explica que estuvo a punto de sacar el capítulo que se refería a la orientación de la oración porque le parecía que suscitaba discusiones que no iban al centro de la cuestión. Allí mismo repite que la mejor solución quizás no sea volver al pasado sino perfeccionar lo presente.  

"Cuando decidí aceptar el proyecto de una edición de todas mis obras, tenía bien claro que debía seguir el orden propuesto por el Concilio y que al inicio tenía que estar el volumen con mis escritos sobre la liturgia. La liturgia de la Iglesia fue para mi desde la infancia la realidad central de mi vida y, a la escuela de teología de maestros como Schmaus, Söhngen, Pascher y Guardini, se volvió el centro de mi empeño teológico. La materia que elegí fue la teología fundamental, porque antes que nada quería ir al fondo de la pregunta: ¿Por que nosotros creemos? Pero en esta pregunta, desde el inicio, esta incluida intrínsicamente la otra pregunta, aquella de la justa respuesta debemos dar a Dios. A partir de aquí se deben entender mis trabajos sobre el culto divino. Mi objetivo no eran los problemas específicos de la ciencia litúrgica, sino el anclaje de la liturgia al acto fundamental de nuestra fe y su puesto al conjunto de nuestra existencia humana. 
Este volumen recoge todos mis trabajos pequeños y grandes con los cuales, en el curso de los años, en diversas ocasiones y desde perspectivas diversas, tomé posición sobre cuestiones litúrgicas. Después de todas estas contribuciones nacidas de este modo, sentí la necesidad de presentar una visión del conjunto, que fue publicada en el año jubilar con el título "El espíritu de la liturgia. Una introducción". y que constituye el texto central de este volumen. Lamentablemente, casi todas las recensiones se focalizaron en un único capítulo: "El altar y la orientación de la oración en la liturgia". Los lectores de las recensiónes, al final han deducido que la entera obra tratase únciamente sobre la orientación del celebrante. Su contenido sería querer reintroducir la celebración de la misa "de espaldas al pueblo". Frente a esta falsificación, por un tiempo pensé en suprimir este capítulo -de apenas nueve páginas sobre doscientas- para poder finalmente reconducir la discusión sobre el argumento esencial que me interesaba y continúa a interesarme en el libro. Esto hubiera sido posible fácilmente porque, en estos últimos años, fueron publicados dos excelentes trabajos, en los cuales la cuestión de la orientación del lo oración en la Iglesia del primer milenio fue aclarada de manera persuasiva. Pienso sobre todo a la importante obra de Uwe Michael Lang (Conversi ad Dominum, Freiburg 2006), y en modo particular a la gran contribución de Stefan Heid (Gebetshaltung und Ostung in frühchristlicher Zeit, 2006), en los cuales las fuentes y la bibliografia sobre la cuestión son ampliamente ilustradas y actualizadas. El resultado es claro: la idea que sacerdote y pueblo en la oración deban mirarse recíprocamente nació solo en la época moderna y es completamente extrañea a la cristiandad antigua. En efecto, sacerdote y pueblo no dirigen su oración uno al otro sino que juntos la dirigen al único Señor. Por esto, durante la oración miran en la misma dirección: o hacia Oriente, simbolo cósmico del Señor que debe venir, o - cuando esto no es posible - hacia una imagen de Cristo sobre el abside, hacia un cruz o simplemente hacia lo alto, como lo hizo el Señor durante la oración sacerdotal en la noche anterior a su pasión. Mientras, afortunadamente, se hace camino la propuesta hecha por mi al final del mencionado capítulo de mi libro. No modificar nuevamente la estructura sino simplemente poner al centro del altar la cruz, a la cual miran sacerdote y fieles juntos, para dejarse así conducir hacia el Señor, al que todos juntos rezamos".