"Los primeros años de Ratisbona coincidieron con toda una serie de acontecimientos determinantes, El primero fue la llamada a formar parte de la Pontificia Comisión Teológica Internacional. Pablo VI la había instituido por la insistencia de numerosos obispos y cardenales, pertenecientes preponderantemente a la que se podría considerar la llamada ala progresista de los padres conciliares. Del mismo modo que los sínodos episcopales debían mantener vivo el método conciliar y permitir a los obispos tomar parte en las decisiones referentes a la Iglesia universal, esta comisión debía continuar la nueva función que se había reconocido a los teólogos durante el Concilio y cuidar de que los modernos avances de la teología pudiesen desde el principio formar parte de las decisiones de los obispos y de la Santa Sede. Por lo demás, el Concilio había dado la impresión de que la teología de la que partían los funcionarios pontificios y la que se producía en las diversas Iglesias locales se desarrollaban en direcciones totalmente diferentes; semejante división ya no debería tener lugar. Existía también la idea de hacer de la Comisión Teológica un contrapeso a la Congregación para la Doctrina de la Fe o, al menos, de ofrecerle de este modo un nuevo y diferente articulado “Brain-Trust”; algunos esperaban que este nuevo órgano procurase una especie de revolución permanente, Como consecuencia de ello, no fueron pocas, ni mucho menos, las tensiones que se produjeron en las primeras sesiones de los trabajos de la Comisión, que había sido nombrada para cinco años. Un primer dato cautivador era observar cómo cada uno de los miembros de la Comisión -que habían tomado parte casi todos en el Concilio, donde sin duda podían haber sido adscritos a la orientación progresista-, recibió las experiencias del período posconciliar y de qué modo redefinió sus posiciones, Para mí fue motivo de gran aliento constatar que muchos juzgaban la situación de aquel momento y las tareas que se derivaban de ésta exactamente como yo: Henri de Lubac, que había sufrido tanto bajo la rigidez del régimen neoescolástico, se mostró decidido a combatir contra la amenaza fundamental a la que estaba expuesta la fe, que cambiaba todas las tomas de posición precedentes; lo mismo valía para Philippe Delhaye. Jorge Medina, teólogo chileno coetáneo mío, no veía la situación de manera distinta, Además había nuevos amigos: M. J, Le Guillou, uno de los más expertos conocedores de la teología ortodoxa, combatía a favor de la teología de los Padres contra la disolución de la fe en el moralismo político. Una mente de particular valía era Louis Bouyer, el convertido, con su extraordinario conocimiento de los Padres, de la historia de la liturgia y de las tradiciones bíblicas y judías. Estaba además la gran figura de Hans Urs von Balthasar. Le había conocido personalmente por primera vez en Bonn, cuando invitó a un pequeño círculo de teólogos para discutir sobre el modelo del cristiano abierto al mundo presentado por Alfons Auer (teólogo moralista que entonces enseñaba en Würzburg, después en Tubinga). Balthasar sostenía que aquel modelo no sólo representaba un total malentendimiento de la Biblia, sino también una tergiversación de las posiciones que él había mantenido en Abatir los bastiones y esperaba que un diálogo sostenido en un pequeño grupo pudiese poner fin a tiempo al equivocado camino que se había seguido. Lamentablemente, Auer no vino en persona y así el diálogo directo no pudo tener lugar, pero el encuentro con Balthasar fue para mí el comienzo de una amistad para toda la vida, de la cual sólo puedo estar agradecido. No he vuelto a conocer jamás a hombres con una formación teológica y cultural tan amplia como Balthasar y de Lubac y no me siento capaz de expresar con palabras todo lo que debo a haberles conocido. Congar, conforme a su espíritu conciliador, intentó siempre mediar entre posiciones contrarias y con su paciente apertura desarrolló seguramente una importante misión, Era un hombre extraordinariamente diligente y dotado de una disciplina de trabajo que no frenó ni siquiera la enfermedad, Rahner, por el contrario, se había dejado envolver cada vez más en los eslóganes del progresismo y se dejó arrastrar a tomas de posición políticas aventureras que difícilmente se podían conciliar con su filosofía trascendental, Las discusiones acerca de lo que nosotros, como teólogos, habríamos debido y debíamos hacer en aquella circunstancia histórica eran extraordinariamente vivaces y exigían incluso un notabilísimo uso de las propias fuerzas físicas. Rahner y Bine , el ecumenista suizo, abandonaron finalmente la Comisión que, a su parecer, no llegaba a nada porque no estaba dispuesta a adherirse mayoritariamente a las tesis radicales".
lunes, 2 de diciembre de 2013
That '70s Show
Agradecemos al Athonita por recordar este revelador texto de Joseph Ratzinger.
lunes, 25 de noviembre de 2013
Dies irae
Durante la 34° semana del tiempo ordinario y el inicio del Adviento para los días de feria, la Iglesia invita a rezar el Dies Irae, himno del siglo XIII que formaba parte de la Misa de Requiem y que desapareció en la edición de 1970 del Misal Romano.
- Texto original en latín
- Dies iræ, dies illa,
- Solvet sæclum in favilla,
- Teste David cum Sibylla !
- Quantus tremor est futurus,
- quando iudex est venturus,
- cuncta stricte discussurus !
- Tuba mirum spargens sonum
- per sepulcra regionum,
- coget omnes ante thronum.
- Mors stupebit et Natura,
- cum resurget creatura,
- iudicanti responsura.
- Liber scriptus proferetur,
- in quo totum continetur,
- unde Mundus iudicetur.
- Iudex ergo cum sedebit,
- quidquid latet apparebit,
- nihil inultum remanebit.
- Quid sum miser tunc dicturus ?
- Quem patronum rogaturus,
- cum vix iustus sit securus ?
- Rex tremendæ maiestatis,
- qui salvandos salvas gratis,
- salva me, fons pietatis.
- Recordare, Iesu pie,
- quod sum causa tuæ viæ ;
- ne me perdas illa die.
- Quærens me, sedisti lassus,
- redemisti crucem passus,
- tantus labor non sit cassus.
- Iuste Iudex ultionis,
- donum fac remissionis
- ante diem rationis.
- Ingemisco, tamquam reus,
- culpa rubet vultus meus,
- supplicanti parce Deus.
- Qui Mariam absolvisti,
- et latronem exaudisti,
- mihi quoque spem dedisti.
- Preces meæ non sunt dignæ,
- sed tu bonus fac benigne,
- ne perenni cremer igne.
- Inter oves locum præsta,
- et ab hædis me sequestra,
- statuens in parte dextra.
- Confutatis maledictis,
- flammis acribus addictis,
- voca me cum benedictis.
- Oro supplex et acclinis,
- cor contritum quasi cinis,
- gere curam mei finis.
- Lacrimosa dies illa,
- qua resurget ex favilla
- iudicandus homo reus.
- Huic ergo parce, Deus.
- Pie Iesu Domine,
- dona eis requiem. Amen.
- Traducción
- Día de la ira, aquel día
- en que los siglos se reduzcan a cenizas;
- como testigos el rey David y la Sibila.
- ¡Cuánto terror habrá en el futuro
- cuando el juez haya de venir
- a juzgar todo estrictamente!
- La trompeta, esparciendo un sonido admirable
- por los sepulcros de todos los reinos
- reunirá a todos ante el trono.
- La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
- cuando resucite la criatura
- para que responda ante su juez.
- Aparecerá el libro escrito
- en que se contiene todo
- y con el que se juzgará al mundo.
- Así, cuando el juez se siente
- lo escondido se mostrará
- y no habrá nada sin castigo.
- ¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?
- ¿A qué protector rogaré
- cuando apenas el justo esté seguro?
- Rey de tremenda majestad
- tú que, salvas gratuitamente a los que hay que salvar,
- sálvame, fuente de piedad.
- Acuérdate, piadoso Jesús
- de que soy la causa de tu calvario;
- no me pierdas en este día.
- Buscándome, te sentaste agotado
- me redimiste sufriendo en la cruz
- no sean vanos tantos trabajos.
- Justo juez de venganza
- concédeme el regalo del perdón
- antes del día del juicio.
- Grito, como un reo;
- la culpa enrojece mi rostro.
- Perdona, Señor, a este suplicante.
- Tú, que absolviste a Magdalena
- y escuchaste la súplica del ladrón,
- me diste a mí también esperanza.
- Mis plegarias no son dignas,
- pero tú, al ser bueno, actúa con bondad
- para que no arda en el fuego eterno.
- Colócame entre tu rebaño
- y sepárame de los machos cabríos
- situándome a tu derecha.
- Confundidos los malditos
- arrojados a las llamas voraces
- hazme llamar entre los benditos.
- Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
- el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
- hazte cargo de mi destino.
- Día de lágrimas será aquel renombrado día
- en que resucitará, del polvo
- para el juicio, el hombre culpable.
- A ese, pues, perdónalo, oh Dios.
- Señor de piedad, Jesús,
- concédeles el descanso. Amén
jueves, 21 de noviembre de 2013
Sobre la exégesis alegórica
Una interesante reflexión de Manlio Simonetti, uno de los principales estudiosos de la literatura cristiana antigua, sobre la exégesis patrística. Mas allá de las diferencias que pueda haber con Simonetti, creo que vale la pena escucharlo.
"Yo me inicié en el campo de la exégesis patrística con los trabajos de Antonio Orbe, Henri de Lubac y Jean Daniélou, grandes eruditos de fines del siglo XX, que reivindican el valor teológico de la exégesis
patrística y ofrecieron profundas intuiciones que ha fructificado en la renovación teológica contemporánea. A pesar de todo, encontré todavía en Danielou y de Lubac un residuo de carácter apologético, un fondo de prevensión ideológica o un prejuicio racionalista, que les llevaba a oponer exégesis tipológica (Isaac, tipo de Cristo; el arca, de la Iglesia) a exégesis alegórica, aceptando aquella como un método horizontal, que lleva de historia a historia, mientras rechazan la alegórica, como si la alegoría fuera un juego de fantasía.Sin embargo, esta prevención no tiene razón de ser si se considera la tipología como lo que es, una clase de alegoría. Bien entendida toda la exégesis alegórica tiene un profundo significado histórico. Tanto es así, que debemos a la interpretación alegórica la aceptación misma de la Biblia judía en la Biblia cristiana. Me refiero al siglo II, en el que se dio la lucha decisiva para toda la teología posterior entre los gnósticos, que rechazaban todo el Antiguo Testamento, y que no eran grupos tan minoritarios como hoy queremos creer, y los maestros de la fe cristiana, que deberían elaborar una respuesta a los problemas planteados por esa actitud. ¿Como hacer aceptable a los etno-cristianos, los provenientes de la gentilidad, unas escrituras que rechazaban culturalmente o desconocían, si no había modo de hacerlas compatibles con la novedad de la predicación cristiana? Pensemos en un Ignacio de Antioquía, que ignoró casi completamente el Antiguo Testamento, que prácticamente no cita y parece dejarle indiferente.
Fue precisamente la interpretación alegórica la que salvó el antagonismo entre la primera y la definitiva Alianza, la que colmó el abismo entre el viejo y el nuevo Testamento. Con la alegoría, la Ley y los profetas dan testimonio de Jesucristo, al llenar de plenitud neotestamentaria lo que en el Antiguo Testamento se presenta como anuncio, imagen o inicio.¿Como descubrir a Cristo en el Antiguo Testamento? Ciertamente hay elementos claros de sentido literal, como hace Mt 1, 22-23, considerando la concepción virginal de Cristo como el cumplimiento de Is 7,14, pero estos pasajes que pueden ser aplicados en sentido histórico son escasos y a veces discutibles. Son en cambio innumerables las explicaciones alegóricas y las aplicaciones tipológicas de las figuras y expresiones veterotestamentarias a la figura y la doctrina de Jesucristo. Orígenes hizo aceptable a los cristianos de cultura griega el Antiguo Testamento, con una exégesis no subjetiva, sino espiritual, basada en un sujeto de destino, es decir en la mejor tradición cristiana, y con una apertura y riqueza de diversos sentidos no excluyentes. Sin tal exégesis creativa, la Escritura judía habría acabado, lo mismo que la circuncisión, como un componente judío abandonado por la Iglesia o una premisa histórica superada completamente por la novedad cristiana. Basta con leer los tratados In Ioannem de Orígenes o san Agustín para valorar el inmenso caudal, que desborda el cauce del sentido literal, y que ha sido decisivo en la transmisión y configuración de la doctrina cristiana.Y es precisamente este método el que ahora es apreciado por los estudiosos semántico y por la filosofía hermenéutica, al demostrar cuánto del significado de un texto depende del sujeto que lo recibe y cómo tal significado se forma en la relación intersubjetiva.Ante la Sagrada Escritura, la perspectiva de un teólogo racionalista es antagónica a la de un Padre de la Iglesia. "Me pongo ante el texto bíblico como ante un texto de Homero o Virgilio", dirá Rudolf Bultmann. Para Orígenes, esto hubiera sido un escándalo, ya que la Sagrada Escritura es un texto absolutamente excepcional y único: es la palabra de Dios. El exégeta alejandrino se pone ante el texto santo como ante un manantial inextinguible de verdad, con una multitud ilimitada de significados que no tienen por qué ser exclusivos ni excluyentes. Por ejemplo, en la primera de las homilías In Exodum comenta Orígenes cómo se asemeja la Escritura a un árbol fecundo plantado en medio del huerto, del cual el agricultor puede sacar tantos frutos cuantos sean sus cuidados y atenciones. Lo mismo se puede constatar en el De doctrina cristiana de San Agustín, siglo y medio más tarde.
La filosofía hermenéutica y la semántica estan descubriendo ahora que el texto está abierto, según la actitud del sujeto. He aquí la modernidad de los Padres".
lunes, 21 de octubre de 2013
Justicia o Venganza
La Argentina (pero no solo la Argentina) parece ser un país en el cual todos alguna vez han sufrido una injusticia.
Vale, entonces, recordar esta reflexión de San Alfonso María de Ligorio:
"¿Tiene obligación el ofendido de otorgar su perdón al ofensor?
A juicio de los salmanticenses, está obligado a perdonar, pero no al público castigo que reclama el bien común.
Especulativamente hablando la sentencia es verdadera. Más en la práctica, nunca yo me atreví a absolver a ninguno de aquellos que aseguraban perdonar a su enemigo, pero exigiendo a la vez sobre él el cumplimiento de la justicia, fundándose en que el malhechor debe ser castigado.
Y es que nunca pude persuadirme de que el celo que estos tales, con frecuencia ellos mismos cargados de culpas, manifiestan tener por el bien común y la justicia sea un celo exento del deseo de venganza. Piden justicia, no en general, para todos los delincuentes, sino exclusivamente para sus enemigos personales. Y es muy fácil -como muchos autores afirman- que aquel amor del bien común sea sólo un bonito pretexto encubridor de un deseo personal de venganza." (San Alfonso María de Ligorio, La práctica del confesor, 109.)
jueves, 10 de octubre de 2013
Constantino y la doctrina cristiana
Al promediar el siglo IV, cuando apenas comenzaba a arder la crisis Arriana, Constantino, quien a la postre era el emperador de todo el Imperio, mando una carta a los jefes de partido, criticándolos por haber dividido al pueblo por la interpretación de un pasaje del Antiguo Testamento, sin necesidad y por el solo deseo de discutir.
"La carta termina con una calurosa exhortación a la concordia y a la fraternidad, para restituir la tranquilidad al pueblo y al mismo emperador.
Y si. Desde hace años venimos escuchando que el cristianismo no es un
doctrina, no es una moral. Que es el encuentro con una persona (o algo así) y patatin
y patatan. Y claro, si al final no es una doctrina, no nos tendría que sorprender que, aquellos que no fueron elegido por su buena doctrina, elijan a un Constantino, que "se ne frega" de la doctrina y diga que cualquier discusión al final es sutil. Y que lo importante es el diálogo y respetar lo que cada uno piense. Y no hacer olas...
para no ahogarnos.
viernes, 4 de octubre de 2013
Laudes Creaturarum
jueves, 3 de octubre de 2013
Fantasias misioneras
Una parábola recurrente.
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