viernes, 11 de abril de 2014

Decálogo I

Decía Kieslowski que los films que más le habían costado de Decálogo, eran los tres primeros. El esfuerzo valió la pena. El primero, de hecho, es uno de los más logrados.
El film tiene tres inicios que señalan momentos distintos de la narración. La primera imagen es la del lago que se está congelando. En su orilla, el Testigo Silencioso (arropado como ¿un vagabundo? ¿un pastor?) mira al espectador y se seca una lágrima. Quedara allí todo el film como un vigilante (o un ángel custodio). El segundo inicio es el de la tía que caminado por la calle ve en una televisión a su sobrino filmado en la escuela. Y también llora. El tercer comienzo es el de la narración principal y se inserta en el medio de los otros dos.
Krzysztof y Pawel (Padre e hijo) viven en uno de los departamentos de Stowki. Se muestran compañeros y alegres. Se ejercitan juntos, juegan juntos. Pawel es un niño abierto, que se comunica con sus compañeros, que se admira de la naturaleza, inteligente y curioso. Krzysztof es profesor (de filosofía? de lingüistica?) en la universidad. Uno y otro tienen pasión por la ciencia y el progreso científico (Ilustrado con el beso que Pawel le da al cerebro del padre después de haber resuelto unos cálculos). Confían a una computadora la solución de todo problema posible de la vida. En la Universidad, el padre exalta las posibilidades de la ciencia como un cientificista del 1800. 
Pawel una mañana sale a comprar leche (la leche es otro elemento fundamental en el Decálogo, especialmente relevante en VI). Al volver parece entristecido. Ha visto a un perro vagabundo, que siempre estaba triste y tenía hambre, muerto y le pregunta al padre el porqué de la muerte y se pregunta si ahora no estará en un lugar mejor. El diálogo es magistral. El padre explica la mecánica de la muerte pero no puede explicar el porqué. Con la sinceridad y la brutalidad de un niño Pawel plantea de que sirve la ciencia si no puede explicar la muerte. "Y el alma" pregunta Pawel. "No existe el alma" responde el padre.
El tercer personaje, preanunciado antes porque este si cree en el alma, es el de la hermana de Krzysztof, Irina (Este es un esquema que se repite en el decálogo. Tres personajes principales más uno ausente. En este caso, el ausente es la madre de Pawel). Así como Krzysztof cree en la ciencia, Irina cree en Dios (bueno, por supuesto, no exactamente de la misma manera). Se presenta como las respuestas que el padre de Pawel no puede dar e incluso más complicadas. No lo hace a partir de la lógica, sino con su propia vida. Ella si sabe para que se vive y en una escena muy delicada, con un abrazo, le muestra la presencia de Dios. El momento se corona con las campanas de fondo de una Iglesia.
Esa misma noche después de que Irina le comunica a Krzysztof que ha inscripto a Pawel en catequesis,  algo a lo que el padre no se opone, la computadora se enciende sola y escribe: "I'm ready". 
Es Navidad, y Krzysztof le regala a su hijo uno patines de nieve. Los va a probar sobre el lago congelado, pero primero deben medir si este va a soportar el peso. Meticulosamente ingresan los datos, y la computadora responde. Soporta más de 200 Kg. El padre vuelve a probar para asegurarse que no ha fallado, y a la noche sale a examinarlo in situ. En la oscuridad se encuentra con el Testigo Silencioso que se calienta con una fogata. Y retrocede. Al volver pasa por una Iglesia en construcción y ve a la gente esperando en la puerta.
Al otro día, el frasco de tinta del escritorio de Krzysztof se rompe manchando todos sus cálculos. Es un hecho inesperado. También la inquietante presencia de una niña que pregunta por Pawel diciendo que lo busca la mamá. En la calle se escuchan sirenas. La madre de un compañero de Pawel le dice a Krzysztof que no encuentra a su hijo y que se rompió el hielo del lago. El padre contesta que eso es imposible y que el mismo la ha comprobado. A partir de ese momento, durante 15 minutos el padre deambula sin querer ir al lago. La imagen es muy lograda. Krzysztof pasea en la oscuridad y se aleja de la luz. Parece no querer aceptar que sus cálculos han fallado. Finalmente se acerca al lago donde una multitud espera el rescate. Del agua congelada salen dos cuerpos sin vida. Falta Pawel. También falta el Testigo Silencioso. El director nos lo recuerda cuando el padre mira la fogata apagada. 
En su casa Krzyzstof, mientras llora, sigue en la oscuridad, hasta que es iluminado por la luz de la computadora. En la pantalla aparece: "I'm ready".
Krzysztof va hasta la Iglesia en construcción que sirvió de fondo a todo el capítulo. Kieslowski cambió aquí lo que tenía planeado. Se imaginó una iglesia llena, en una noche de Navidad, donde el padre se iba a confesar. En lugar de eso, la escena final ve al padre entrar en esta Iglesia vacía. Cerca del altar esta la imagen de la Virgen de Czestochowa, que en Navidad pasea por las parroquias polacas. Krzysztof tira abajo el precario altar haciendo que la cera de una vela dibuje una lágrima en el rostro del Virgen. Kieslowski comenta este acto de rebelión diciendo "En la rebelión terminamos por reconocer que alguno existe, aunque si no creíamos que existiera. La rebelión es una manifestación de la fe que en palabras es negada. Es claro que Krszysztof esta en rebelión a Dios". 
El padre llora.  De algo que parece ser una pila bautismal saca un trozo de hielo y se dibuja en la frente algo que parece ser una cruz.

miércoles, 9 de abril de 2014

El Testigo Silencioso

En la entrada anterior hablamos del hecho de que en el Decálogo todas las historias intentan contar una historia. La unidad es manifestada de diferentes maneras, pero sin ninguna duda la más interesante es la del llamado "Testigo silencioso". 
El personaje, interpretado por el actor Artur Barcis, abre el Decálogo rompiendo con su mirada intensa la llamada cuarta pared y metiendo al espectador dentro del relato. El testigo aparece directamente en 8 de los capítulos (1 al 6, 8 y 9). En el octavo aparece solo indirectamente, y en el décimo no aparece. 
Diversos críticos han hecho notar la cualidad enigmática del personaje y de sus apariciones. El Testigo, en palabras de Emanuela Imperato, es una figura siempre igual y siempre distinta. Alto, flaco, pálido, rubio, él entra y sale de la escena lentamente, deliberadamente, en silencio, sin pronunciar una palabra. Pareciera moverse libremente, sin límites de espacio y de tiempo. En I es un pastor o un "sin techo", en II es un médico, en III conduce un tren, en IV es un piragüista, etc. En algunos films su presencia es notada por los demás personajes, en otros se mueve sin ser visto, como si su naturaleza trascendiera el cuerpo. 
Lo que más llama la atención de su aspecto es el rostro diáfano, la intensidad y la solemnidad de su expresión y su mirada aguda e impenetrable. Para algunos, sin duda el Testigo refleja una sustancia más espiritual que material. 
Kieslowski, con su típica ironía, una vez dijo "Esta este tipo que pasea en todos los films. No se quién es. Será uno que llega y mira". Dicho por un director que meticulosamente calcula todos los detalles, la afirmación no es del todo creíble. Otra vez, hablando más seriamente dijo "El no tiene ninguna influencia sobre la acción, pero guía a los personajes a reflexionar sobre aquello que están haciendo. Su mirada intensa los induce a cuestionar sus acciones".
El mismo Artur Barcis considera a su personaje como "Cristo que podría aparecer en cualquier momento", algo en lo que concuerdan entre otros el filósofo esloveno Slavoj Zizek. el crítico de arte Vincent Amiel o el jesuita Lloyd Baugh. 
Siguiendo esta interpretación se podría ver en el Testigo Silencioso elementos esenciales de la divina Providencia, mostrando como Dios se mueve en modo salvífico en la vida de los hombres, por un lado respetando absolutamente la libertad humana y por el otro soportando él mismo el peso de las decisiones, algo que se refleja en la canoa que levanta en IV, las valijas de VI, o la bicicleta de IX. 
Su presencia (como la Gracia) no implica el final del esfuerzo humano necesario para el bien actuar y la salvación. Si tratamos de imaginarnos que sucederá a los personajes después de la "visita" del Testigo, nos damos cuenta que solo es el comienzo de un camino, pero sabiendo que como dice el salmista: 

porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa, 
porque el te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos. 

domingo, 6 de abril de 2014

El Decálogo de Kieslowski

Krzysztof Kieslowski era un ilustre desconocido fuera de Polonia hasta 1988 cuando recibió el Premio del Festival de Cannes por "No mataras" (o "Breve film sobre el asesinato", tal sería su traducción desde el polaco).
Había nacido en Varsovia el 27 de junio de 1941. En 1957 es aceptado en la escuela cinematográfica de Lodz. Desde 1966 realiza, por el período de más de 10 años unos 30 documentales. Para él será una experiencia importante. Decía el director "A mi me parece que el documental es una forma de arte superior al film de ficción. Pienso que la vida es más inteligente y crea situaciones más interesantes de aquellas que puedo inventar yo solo".
Hacía la mitad de los años 70 tiene que dejar los documentales (el más famoso retrataba la situación de la salud pública en Polonia durante el comunismo), al sentir en forma cada vez más fuerte la presión de la censura. Realiza entonces varios films de ficción, no exentos de crítica, de los cuales el más importante es "El azar", una interesante y original historia que muestra los caprichos de la casualidad (y no solo) en las tres variantes de la vida de un jóven.
Hasta que llega el Decálogo. Varias veces preguntaron a Kieslowski sobre el origen de esta obra. El director siempre dijo que ni él, ni Krzysztof Piesiewicz, el co-guionista, eran católicos practicantes, "pero eso no significa que no tengan nada que ver con Dios".
En 1982 Piesiewicz, viendo un antigua pintura gótica en el Museo de Varsovia que representaba los diez mandamientos, tuvo la idea de realizar 10 films inspirados cada uno en el Decálogo.
La idea fue llevada a la televisión polaca que en medio de la grave crisis final del comunismo la rechazo, ofreciendo, en cambio, el dinero para dos películas de 90 minutos. Con ese dinero Kieslowski filmó las versiones para cine de Decálogo 5 (No matarás) y Decálogo 6 (Una película de amor). El éxito que el primero de los films tuvo en Cannes permitió al director polaco financiar toda la obra.
La idea que tenían Kieslowski y Piesiewicz era la de tomar los mandamientos en el doble perfil de ley moral-espiritual y a su vez reflejo de la verdad última del hombre. Decía Kieslowski, "La vida es mucho más complicada de cuanto nos quieren hacer creer los curas: ninguno pone en discusión estas reglas, pero estoy convencido, que a veces es necesario transgredirlas, y de todas formas, esto ocurre todos los días". El Decálogo de Kieslowski no es y no quiere ser una catequesis o una lección moral, sino ilustraciones del sentido de la ley o demostraciones de su validez.
Las diez historias son capítulos de una misma historia. Siendo todas heterogéneas, mantienen una unidad por la duración de cada capítulo, el lugar en el que los hechos transcurren (el gris monoblock de  Stowki en Varsovia), el tiempo histórico (últimos años del régimen comunista), el estilo narrativo, los personajes (el personaje principal de un capítulo se transforma en secundario de otro o el llamado "testigo silencioso" del que hablaremos a parte), etc.
La realidad del hombre revive en el cine de Kieslowski, mezclando la crónica con otras dimensiones. "Filmo la metafísica" afirma el autor. No es solo la valencia simbólica de la imagen o el potencial que tiene para hacer volar la imaginación. Se trata de "otra cosa, de una realidad que no se puede entender, que no se puede sistematizar en un orden lógico, de la cual en sustancia no resulta nada, pero que constituye una experiencia exaltante. Es verdaderamente bello. ¿Son signos del más allá? No lo sé, pero se que existen en la vida de todos los días y yo trato de filmarlos".

viernes, 21 de febrero de 2014

Jesús y los doctores de la ley


Ahora que Kasper, como un fantasma (disculpen el chiste fácil pero era inevitable), ha reaparecido para plantear muy sutilmente que debemos adoptar la posición de la Iglesia ortodoxa con respecto al divorcio, sabiendo también que en la actual situación de la Iglesia Católica el efecto se asemejaría mucho más a la situación de los protestantes que al de nuestros hermanos orientales, vale la pena volver a reflexionar sobre la enseñanza evangélica. 
Y para hacerlo vamos a seguir no a un ultramontano de la escuela romana de inicios del siglo XX, sino al biblísta John P. Meier, máximo exponente actual del método histórico - crítico. En el cuarto tomo de su obra magna Un judío marginal el autor trata del del tema de la ley y Cristo, y para iniciarlo se ocupa del tema del divorcio en el Nuevo Testamento. ¿Por que? Porqué en palabras de Meier en ningún otro punto Jesús se alejó tanto de las enseñanzas comunes de su tiempo. 
"La práctica del divorcio no era exclusiva o específica del antiguo Israel. El divorcio era un fenómeno ampliamente difuso en todo el Cercano Oriente y en el mundo mediterraneo, como es igual de difuso en el mundo moderno. Entonces como hoy las divergencias entre un pueblo y otro eran las normas precisas que lo regulaban."
El estudio de Meier es más que exhaustivo, y por supuesto, nosotros no podemos trasmitirlo en su totalidad (por otra parte sería de poco interés) por lo tanto pasamos rapidamente a la conclusión más importante para el autor.
"Al final, la principal conclusión de este capítulo, es que Jesús prohibió absolutamente el divorcio y estigmatizó como adulterio el divorcio seguido de un segundo matrimonio. (...) Como pudo el Jesús observante de la Ley afirmar que un hermano suyo hebreo que sigue puntillosamente la Ley divorciándose y volviéndose a casar comete un pecado contra uno de los mandamientos del Decálogo?
Y se responde provisoriamente Meier
 "Debemos tener presente el retrato del Jesús histórico que emerge hasta aquí en Un judío marginal. Lejos de verse a si mismo simplemente como otro maestro entre tantos, Jesús se presentó concientemente a los otros hebreos como el profeta escatológico, cumpliendo la misión de Elias, esto es comenzar a reunir a Israel en el tiempo final. (...) En este contexto muy impregnado de "escatología futura y ya realizada", el profeta escatológico llamado Jesús puede haber inculcado como ya vinculantes ciertos tipos de comportamiento que señalaban, como todo su ministerio, al período final de la plena restauración de Israel como pueblo santo de Dios."
Por supuesto, Meier quiere hacer un relato histórico imposible. Ya Ratzinger señaló en su Jesús de Nazareth los aciertos pero también los límtes de la obra del biblista americano. De todas formas no está de más tenerlo en cuenta. ¿O vamos a usar el método histórico - crítico solo cuando nos conviene?


miércoles, 12 de febrero de 2014

Like a Rolling Stone

Muchos encantadores de serpientes viven una existencia errante, visitando ciudades y pueblos en los días de mercado y en las fiestas. Por un lado, el encantador normalmente se encuentra fuera del rango de posible mordedura, aunque su animal es lento y reacio a atacar de todos modos. Medios más drásticos de protección incluyen la eliminación de los colmillos de la criatura o glándulas de veneno, o incluso coser la boca de la serpiente. (Fuente: Wikipedia).

Un amigo, extranjero, con varios doctorados en importantes universidades del mundo, experto en temas curiales, pero que conoce a Francisco desde hace menos de un año, me comentaba hace pocos días una columna escrita por un periodista estadounidense a raíz de la tapa que la "Rolling Stone" le dedicó al Pontífice hoy reinante. 
Lo que más sorprendía al periodista, y también a mi amigo, era la diferente visión que habían en los medios con respecto al actual Papa y a su predecesor. 
Repitiendo al periodista, mi amigo decía, "Benedicto XVI casi nunca hacía una crítica pública a alguien y si la hacía era tan sutil que  a veces pasaba inadvertida. Y los medio decían de el que era el Panzerkardinalen, el garante de la ortodoxia con mano de hierro, un hombre frío y distante, etc. En cambio Francisco no para de tratar a unas de solteronas, a otros de pepinillos en vinagre, a otros de fundamentalistas, a otros de corruptos y sin embargo todos hablan del Papa de la ternura, de la misericordia, de la dulzura..."
Otro amigo, español, que estaba escuchando la conversación, sin levantar los ojos del plato lleno de sopa que tenía delante dijo "Pues claro, hombre, eso se lo dice a los curas, a las monjas...y a esos los medios de comunicación y la gente decía lo mismo antes que llegara el papa".

Aunque parezca increible, mi amigo bi-doctorado, no se había dado cuenta.
Así de poderosos son los encantadores de serpientes.

martes, 24 de diciembre de 2013

¡Feliz Navidad!

Cristo nace, cantad Gloria. Cristo desciendo del cielo, id al encuentro. Cristo esta en la tierra, levantaos. 
Cantad al Señor por toda la tierra. Y para resumir estas dos cosas en una sola: Se alegré el cielo y exulte la tierra, porque aquel que es del cielo está ahora en la tierra. Cristo se hizo carne, temed y alegraos. Temed por el pecado y alegraos por la esperanza. Cristo nace de la Virgen.
¿Quien no adora a aquel que es el principio? ¿Quien no alaba e no glorifica a aquel que es el fin? De nuevo se disipan las tinieblas, de nuevo es creada la luz. El pueblo que está en la tinieblas de la ignorancia vió la luz del conocimiento. Las cosas viejas pasaron, he aquí, que nacieron cosas nuevas. El Hijo de Dios se convierte en Hijo del Hombre. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Que se escandalicen los judíos, búrlense los griegos, hablen sin mesura los herejes. Creerán cuando vean que desciende del cielo, y si ni siquiera creen entonces, creerán cuando lo contemplen descendiendo del cielo sentado como juez.
Esto es nuestra fiesta, esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres para que nosotros nos acerquemos a Dios o más propiamente, para que volvamos a El, para que despojados del hombre viejo nos revistamos del nuevo y muertos en Adán, vivamos en Cristo. Con Cristo, también nosotros nacemos, somos también crucificados, con El somos sepultados y resucitamos con El.
Es menester que yo siga el camino inverso, lleno de hermosura: porque como de las dotes más altas proviene el dolor, del dolor dimanarán las dotes más altas. Allí donde abundó el pecado sobreabundó la gracia y si gustar el árbol fue nuestra condenación ¿cuánto más no habrá de justificarnos la pasión de Cristo? Celebramos, en suma, la fiesta. No una fiesta pública, sino divina, no mundana, sino por encima del mundo. No las cosas de nuestra enfermedad, sino las de nuestra curación, no las de nuestra creación, sino las de nuestra restauración. (San Gregorio Nacianceno, Oración 38)

domingo, 15 de diciembre de 2013

HACIA UNA KINESIOLOGÍA PASTORAL ORTOPÉDICA Y ORTOPRÁCTICA

El Padre Diego de Jesús y una muy interesante reflexión sobre sobre como afrontar la realidad pastoral.
El planteo sería más o menos así: el arte pastoral, la conducción espiritual —como tantas otras disciplinas— es una arte práctico, un trato continuo con realidades contingentes, volubles, llenas de accidentes, en su sentido más aristotélico. De allí que para ponderar la bondad o maldad de una acción pastoral lo crucial a medir es su oportunidad o inoportunidad, más que el “in se” químicamente puro. Se llama PRUDENTIA.

Para ejemplificar fuera del ámbito religioso, digamos que no tienen ningún sentido decir que el clonazepam es bueno o malo: es fantástico si soy epiléptico; me puede matar si tengo insuficiencia hepática o si lo mezclo con alcohol. Vale para la medicina, vale para la nutrición, vale para la política, la economía y para la educación en general. En este último ámbito es donde con más elocuencia se denota esto que decimos: tal o cual medida pedagógica es buena o mala según la situación del educando. Al arrogante hay que bajarlo de un hondazo, al pusilánime hay que remontarlo cual barrilete. Y quien invirtiera esto cometería una animalada tremenda, como un médico tratando de hipertensión a un hipotenso o un psiquiatra llenando de ansiolíticos a un depresivo. En mi barrio se llama MALAPRAXIS y se escribe todo junto.

Una característica de este arte, transversal a todas estas disciplinas, es que se trata por lo general de revertir un desvío. Y esto se suele lograr tironeando hacia su lado opuesto en procura del “justo medio” al decir griego (o el bendito contra-ágere ignaciano, si se quiere). Tiene mucho que ver con la kinesiología: tironear del cuello hacia el extremo opuesto de la tortícolis para que la testa quede mirando al frente.

Bien. Es en este preciso encuadre epistemológico-terapéutico que uno puede ponderar las posologías de una conducción pastoral. Salvo barbaridades obvias (como un médico recetando cicuta), por lo general es estéril debatir sin más si tal o cual expresión (de un libro, de una homilía, de un documento episcopal o papal) sea buena o mala “en sí”. Sería debatir sobre el clonazepam sin más; sin atención al paciente (individual o colectivo). Por eso es tan grave cuando falla la diagnosis (por errónea o por ausente, sin más) y se rocía desde una avioneta con un medicamento químicamente inobjetable, pero que no está claro si es el OPORTUNO para el paciente.

—Tal curita dijo el otro día “tal y cual cosa”: ¿eso está bien o no, es correcto o equivocado?
—La Conferencia Episcopal sacó un comunicado diciendo “biribiri” y he visto que algunos medios eclesiales saltaron: ¿qué tenía de malo lo que dijeron?

Me bombardean el año entero con estas preguntas. Por eso escribo esto: no se pregunten más “¿qué-tiene-de-malo?”, porque a veces —como decía Bloy— lo erróneo no son las respuestas sino las preguntas. Pregúntense qué tiene de bueno, qué tiene de oportuno, cuán eficaz pueda ser ante el mal concreto a contrarrestar. La pregunta crucial es si la maniobra kinesiológica realmente está pensada y ejecutada correctamente, en espejo con la contractura.

A veces uno tiene la sensación de estar viendo otra película, otra realidad que algunos curas, obispos, libros o lo que fuere (un poco como lo que ocurre en el ámbito civil de nuestro país, si se me permite la infeliz simetría). Y la sensación —confieso— es un poco onírica: algo así como imaginar a un padre chiflado, ante un hijo retrotraído, tímido, timorato, insistirle a voz en cuello que no debe acaparar las conversaciones (excelente consejo), que no debe procurar ser el centro de todo (magnífica máxima), que siempre busque los últimos puestos, el último lugar, como Cristo (encomiable exhortación evangélica)… pero, ay, ¡cuán INOPORTUNA para ese medroso chico! O una madre, ante una hija adolescente que ha perdido el pudor y que se viste con calzas ajustadas, le saliera a explicar los peligros de la conciencia escrupulosa, la errónea antropología del puritano, y como remate le espetara: ¡y cuidate m’ijita, de caer en la soberbia de las monjas de Port-Royal! Suena tan insólito como a un adolescente vago que no estudia alertarlo sobre los peligros del surmenage… qué sé yo.

Esa sensación tiene uno a veces ante algunas afirmaciones, inflexiones, acentuaciones que —insisto por octava vez— no son químicamente erróneas, pero resultan extrañas y hasta insólitas aplicadas al momento cultural/eclesial actual.

Contrasta con la modalidad del Pedagogo divino, el Espíritu Paráclito, que justamente —como tan bellamente le reza la Iglesia en la Secuencia— actúa así, por tironeo compensatorio: enfría lo muy caliente, calienta lo gélido, endurece lo muy chirle, elastiza lo rígido… Esa es la cintura imprescindible con la cual navegar el tan temible estrecho de Mesina, aprovechando que Escila y Caribdis, desde las costas opuestas, atacan y descansan de modo intercalado.

Ay del médico que trate por obesidad al anoréxico o por anorexia al obeso, porque a uno y otro matará. Si no fuera porque el asunto es realmente dramático, se presta a ese curioso humor de lo irracional y ridículo —al que me confieso proclive— e imaginar escenas pastorales —sermones, o consejos de confesionario— donde al mejor estilo Capusotto un cura demente le insistiera a un feligrés light, desfachatado, de moral laxa, indolente, displicente, despreocupado de todo Juicio divino: pará, pará, bajá un cambio; no tengas miedo; no pasa nada; sonríe que Dios te ama.

Si corren vientos culturales inmanentistas, urgirá predicar la trascendencia; si las doctrinas llamativas y extrañas devalúan la divinidad de Cristo y acentúan que ‘en su pueblo es un obrero como todos los demás’, urgirá predicar que es Dios, Dios, Dios. Si lo que hay en la atmósfera es un tufillo origenista, de amnistía divina sin juicio alguno y una socarrona sonrisa ante la voz “infierno” como un cuento para asustar a los niños, lo apremiante será avisar que de Dios nadie se burla ni escapa de su Juicio, del Día de su Ira.

Ciertamente, como el Cristianismo es intrínsecamente paradojal, y lo tensa todo por coincidentes opuestos desde ese centro paradojal de la Encarnación de Dios, es presumible que la historia entera del cristianismo sea un esfuerzo constante por retensar la cuerda que se aflojara y, cual experto funámbulo, tirar el cuerpo entero hacia el abismo opuesto al que me estoy por caer. No faltaron ni faltarán tiempos en que lo desdibujado sea la humanidad de Cristo, donde el puritanismo sea un peligro latente, donde un espíritu apocalíptico creyera estar por presenciar la parusía y hubiera que avisarle con letras grandes “nadie sabe el día ni la hora” y hubiera que prevenirlos del puritanismo, del docetismo, del pelagianismo y de tantos males que hoy en día no son una amenaza.

Este mismo texto merece ser sometido al mismo criterio. Carece por completo de algún error objetivo; no obstante puede ser oportuno o inoportuno —y por tanto bueno o malo— según que los tiempos que corran lo precisen o precisen un alerta absolutamente inverso.

El arrianismo de su momento necesitó de un Atanasio, como el jansenismo francés necesitó el Caminito de la Petit Thérèse. Nuestros tiempos necesitan de un kinesiólogo audaz que nos tironee sin miedo en el sentido contrario a todas las taras que nos toca vivir como generación eclesial... aunque nos haga ver las estrellas. Cualquier aporte sin tales características, por más ortodoxo que sea en su objetividad, será heteropráctico a los efectos concretos de sanar al paciente. Que se puede morir, por qué no. En mi barrio se llama malapraxis y se escribe todo junto