domingo, 8 de julio de 2012

Un texto de Newman


El Cardenal John Henry Newman le dice en una carta, antes de su conversión al catolicismo, al doctor Jelf:
"La única particularidad del punto de vista que defiendo, si puedo llamarlo así, es que mientras hoy día es corriente tomar la fe particular de sus redactores como la verdadera interpretación yo tomo la fe de la Iglesia católica. Es decir, que, así como se dice a menudo que, en el bautismo, no se regeneran los niños por la fe de sus padres, sino por la fe de la Iglesia, yo diría por modo semejante, que los "Artículos" no son recibidos en el sentido de sus redactores, sino en sentido católico, en la medida que lo admite el texto o lo requiere sus ambigüedades."
Newman se está refiriendo a la interpretación de los 39 artículos de la fe anglicana. Al parecerer primero trató de demostrar que estos no dependían de la Reforma. Pero su opinión evolucionó hasta esta expresión que él mismo beato recuerda en la "Apología". Ahora bien ¿no sería esta la clave para interpretar el CVII? Sin dudas el caso no es el mismo y la analogía requiere un esfuerzo, pero creo que en lo fundamental una y otra no están tan lejos. Lo que creo descubrió Newman y que es aplicable al CVII, es que la regla para interpretar cualquier documento de la Iglesia (y los documentos conciliares no son el producto de un teólogo o un obispo) es la misma fe de la Iglesia. 
Actualmente la moda es estudiar el Concilio desde un punto de vista histórico, y sin duda eso puede servir. Pero la lectura e interpretación de un Concilio debiera ser siempre teológica.


viernes, 29 de junio de 2012

Pasión de Multitudes


Un profético (y por profético actual) texto de Joseph Lortz.

Debemos hacer una advertencia con el fin de evitar malentendidos como sería confundir los éxitos exteriores con la vida interior; màs aun, de creer que el programa constituye ya la soluciòn de los problemas. La brillante organizaciòn de la Iglesia a partir del siglo XIX ha dado excelentes frutos en muchos países. Pero no deben confundirse esos frutos con las grandes reuniones catòlicas y los congresos eucarísticos, ni menos pueden considerarse asegurados por ellos. Tales actos son tambièn  expresiòn de la vida interior existente, pero deben constituir ante todo un estímulo para empresas de mayor envergadura. Si no consiguen esto, su brillante fachada puede encerrar grandes peligros. La frecuencia y la claridad con que nos han tenido que prevenir el papa y los obispos contra el amenazador espíritu del tiempo es signo evidente de que la vida catòlica no ha alcanzado ni mucho menos la altura que correspondería al magnífico programa expuesto por la jerarquía. Surge entonces con enorme evidencia el gran problema; hasta que punto la pertenencia exterior a la vida organizada, al vivir político-eclesiàstico del catolicismo, se identifica con la convicciòn interior, con la vida de la fe, especialmente entre las clases cultas. La unidad del credo y de la acciòn trajo en otro tiempo el triunfo del cristianismo. Realizar hoy esa misma unidad vuelve a constituir nuestro destino. El peligro del subjetivimo, que se presenta en forma de conciencia soberana, no vinculada a la fe ni integrada en la Iglesia, es inmensamente màs grande aun en nuestras propias filas.  (Historia de la Iglesia II, 451)

lunes, 28 de mayo de 2012

La respuesta al "Breve examen crítico del Novus Ordo" by C. Vagaggini (II)


Vagaggini sigue respondiendo a las objeciones de Baget Bozzo, que opone la reforma con la Encíclica Mysterium Fidei, diciendo que el IGMR no es un documento polémico contra los errores que pudiera haber en materia de Teología eucarística, sino que trata de dar normas prácticas a los católicos "en pacífica posesión de la fe". Las posiciones teológicas del concejo quedaron bien claro en el documento Eucharisticum Mysterium donde dice que "Unde Missa sirve Cena Dominica, est simul et inseparabiliter: -sacrificium, quo sacrificium crucis perpetuatur, - memoriale mortis et resurrectionis Domini dicentis: hoc facite in meam commemorationem; sacrum convivium in quo, pero communionem corporis et sanguinis Domini populus Dei bonca sacrificii paschalis participat, renovat novum foedus semel in sanguine Christi a Deo cum hominubus factum, ac fide et spe convivium eschatologicum in regno Patris praefigurat et praevenit, mortem Domini annuntuans donce veniat". (Siendo un texto bastante desconocido creo que vale la pena trasncribirlo completo).
A partir de estas premisas Vagaggini quiere responder, punto por punto, a las objeciones de Baget Bozzo, muchas de esas aun hoy se discuten. Un primer punto es el de la asamblea. Baget Bozzo decía que al no hacer referencia al obispo no se notaba la diferencia entre una Iglesia local y una asamblea protestante. Vagaggini responde diciendo que tampoco allí que se quiere dar una definición de nada. Y dice con ironía "Admito que Baget Bozzo es curiosamente generoso cuando no dice nada de la no menos escandalosa ausencia de toda referencia al Papa, no menos necesaria que la referencia al obispo, en una "definición" de Iglesia local. ¿No será que en Baget Bozzo hay intenciones protestantes negadoras del primado del Pontifice y de la necesidad de la comunión con el Papa?" (p.456).
Un segundo punto es el de la importancia de las lecturas (y es esta otra objeción muy escuchada). Baget Bozzo contrapone el N°9 de la IGMR que habla de "maximi momenti" refiriéndose a las lecturas, con el hecho de que la máxima presencia es la de las especies eucarísticas. Vagaggini hace notar que el Institutio habla de "lectiones verbi Dei, quae elementum maximi momenti liturgiae praebent", en el mismo sentido que la SC N°29 que habla de "Maximun est momentum sacrae Scripturae in Liturgia celebrando". Simplemente allí no se esta refiriendo a la Eucaristía, pero su silencio no quiere decir nada. 
El último punto, también este muy discutido hasta hoy, es el del ofertorio. El "Breve Examen" acusó de haber hecho desaparecer la alabanza a Dios. Vagaggini contesta que también la berekah bíblica es alabanza a Dios. Es este un punto polémico. En mi opinión esto solo no es suficiente para cambiar el texto. Sobre todo porque parece ser hecho "a tavolino", algo que Ratzinger ha sabido denunciar como el lastre más pesado de la reforma litúrgica. Se podría encontrar mucho bellos y buenos significados, pero en principio había una tradición que iba en otra dirección. 
Ahora bien, Baget Bozzo va más allá y denuncia que el "Novus Ordo desnaturaliza la oferta en una epsecie de intercambio de dones enrte el hombre y Dios" y dice que los término "panis vitae" y "potus spiritualis" son indeterminados. A esto Vagaggini responde con justicia diciendo que el concepto de divinum commercium aplicado a la eucaristía es expresado abundantemente en la liturgia antigua y moderna y es esencial en el Canon Romano. "Offerimus tibi...de tuis donis ac datis" (...) "offerimus tibi...panem sanctum vitae aeternae et calicem salutis perpatuae"
Termina el monje italiano haciendo un acto de optimismo. Hablando de la primavera y del soplo del Espíritu. Nosotros sabemos muy bien que las cosas han ido en otra dirección. La discusión si la causa fue o no la reforma no terminara nunca. En mi humilde opinión la reforma aceleró una descomposición que tiene otras causas más espirituales. Cierto, espiritualidad y liturgia van unidos. Pero no son lo mismo. 


La respuesta al "Breve examen crítico del Novus Ordo" by C.Vagaggini



Por sugerencia del amigo Martin Ellingham, pongo a disposición (espero que se puedan ver, no soy muy bueno en estas cosas) la respuesta de don Cipriano Vagaggini al "Breve examen crítico del Novus Ordo Missae" de los cardenales Ottaviani y Bacci. 
Don Cipriano Vagaggini fue un monje y teólogo italiano, impulsor de la reforma litúrgica, estudiante, profesor y decano del Instituto Sant'Anselmo. En principio, todo esto podría ser motivo de acusación, pero lo que diferencia a Vagaggini de otros exponentes de la reforma litúrgica como Annibale Bugnini, es que siempre se le reconoció su ortodoxia, al punto de que su obra más importante, "El sentido teólogico de la liturgia" (1959), sigue siendo considerada hasta hoy una obra fundamental. 
Poco antes de que entrara en vigencia el Novus Ordo (30/11/69), es publicado con mucho eco la carta de los citados cardenales. Pero Vagaggnini sabe que tanto Ottaviani como Bacci, los dos de avanzada edad y enfermos, fueron utilizados por un grupo de teólogos liderados por el sacerdote genovés Gianni Baget Bozzo. Ironías del destino, Baget Bozzo tendrá un futuro sinuoso y terminara siendo suspendido a divinis por el cardenal Siri al desobedecer y presentarse como candidato para el Parlamento Europeo por el Partido Socialista (al cual se había acercado después de romper con la DC y a la que veía como un freno al comunismo. Posteriormente sería un activo defensor de Berlusconi y de Forza Italia). 
El problema principal que Vagaggini quiere resolver es el de la ortodoxía ya que la acusación más fuerte es la de que el "Novus Ordo no quiere representar más la fe de Trento" (p.25). Dos son los puntos que para el monje italiano sustentan las críticas de Ottaviani y Bacci. La primera es la supuesta definición de la Misa en el N° 7 del IGMR. La discusión repetida hasta el cansancio es que el NO habla de "cena" y no de sacrificio, no se hace mención a la Presencia Real, y la importancia que se le da a la asamblea. Vagaggini responde que el NO no da una definición ontológica de la misa. Dice el monje camaldoles "Nuestro escolásticos saben que no toda predicación es definición en el mismo sentido y que hay definiciones descriptivas o descripciones que tratan de precisar una cosa suficientemente, en relación al fin perseguido, sin que por eso se niegue aquello que en la definición es eventualmente omitido" (p.452). La razón para Vagaggini es clara, el IGMR no es una tratado de teología eucarística por lo que no trata de dar una definición. "¿No es que quizás nuestros teólogos son incapaces de leer un texto sin imponerle las categorias de sus manuales fuera de las cuales no saben a que santo acudir?" (p.452). El sentido de la Institutio es claro porque se esta hablando de la estructura de la Misa. De elementos y de partes y no de esencia y definición. No de la estructura ontológica sino de la estructura litúrgico - ritual de la Misa, de su morfología, de su fenomenología litúrgíco- pastoral. 
Es en esta óptica (ritual) que la Misa con asamblea es más perfecta que la Misa privada, si bien el valor ontológico es el mismo (IGMR N° 4). 
El otro punto es el de la presencia real. Baget Bozzo había acusado que el IGMR hacía referenica a la Eucaristía como simple memoria. Vagaggini responde que al separar el texto del contexto general (lamentablemente este método hará escuela posteriormente en algún otro "teólogo" cercano a Siri) de la obra esta actuando en forma deshonesta. Y lo prueba en el hecho de que 25 líneas antes de la citadas en el N° 2 del IGMR. "Christus Dominus sacrificium eucharisticum sui Corporis et Sanguis instituit, illudque, velut memoriale passionis et resurrectionis suae, Ecclesiae dilectae sponsae, concredidit."
Es entonces claro que para la Institutio, Sacrificio Eucarístico, cena y memorial no es separable. Esto se ve también claro en la 4° plegaria eucarística (tan atacada por tantos "nuevos liturgistas") donde dice "Redemptionis nostrae memoriale nunc celebrantes...offrimus tibi eius Corpus et Sanguinem, Sacrificium tibi acceptabile et toti mundo salutare. Respice, Domine, in Hostiam quam Ecclesiae tuae ipse parasti..."
Como buen tomista, Vagaggini recuerda que la obra de la salvación no es solo el sacrificio de la Cruz, "sino que se refiere a toda la obra salvadora del Señor y especialmente a la resurrección" (p.455). 

viernes, 25 de mayo de 2012

La conferencia del Cardenal Ratzinger en Palermo (VI)



Obviamente en estas reflexiones críticas no podemos prescindir de la situación eclesial. Por una parte no tenemos que olvidar que también en nuestros días nos ofrecen óptimos ejemplos de paternidad y de maternidad, de grandes figuras como aquella de Maximiliano Kolbe o la Madre Teresa, las cuales nos muestran que aun prescindiendo del aspecto biológico es posible realizar el sentido más verdadero y profundo de la paternidad y maternidad. Por otra parte tenemos que tener en cuenta el hecho de que una realización así presenta siempre los trazos de la excepcionalidad y que en el curso de la historia la imagen de Dios y del hombre conoció contaminaciones y deformaciones. Sería romanticismo decir: ahórrense los dogmas, la cristología, el Espíritu Santo, la Trinidad, porque nos basta con anunciar un Dios Padre y la fraternidad entre los hombres, sin ninguna teoría mística. Esta exigencia podría parecer legítima. Pero todavía nos tenemos que preguntar si esta vía alcanza un conocimiento tan complejo del ser humano: ¿Sobre que cosa fundamentamos nuestra comprensión sobre lo que significa ser padre, ser hermanos y sobre que motivos tenemos que fundar esta confianza? Es verdad, también en las más antiguas culturas encontramos pruebas estimulantes de la confianza en el "Padre" que esta en los cielos. Pero es también verdad que en la evolución sucesiva, la atención religiosa se revelo más que en este "Padre celeste", en otras potencias mundanas; en el curso de la evolución histórica también la imagen del hombre y la misma figura divina asumió trazos de ambigüedad. Es claro que los griegos llamaban Zeus con un apelativo de "Padre". Tal calificación no quería decir ninguna confianza sino solo la profunda ambigüedad de Dios, la trágica ambigüedad de un mundo que produce miedo. Llamándolo "Padre", ellos entendían decir que Dios es como los padre humanos, a veces buenos cuando están de buen humor, pero al mismo tiempo egoístas, tiranos, imprevisibles y peligrosos. De la misma manera ellos hacían experiencia de un poder misterioso que domina el mundo: algunos individuos son respetados y estimados, a otros se los deja morir de hambre o se los hace esclavos. El "Padre del mundo", como lo experimentamos en nuestra vida, refleja la imagen de nuestros padres humanos: facciosos y siempre peligrosos. ¿Pero la misma fraternidad, hoy tanto exaltada, se presenta tan clara a la experiencia? ¿Es verdaderamente un motivo que justifica nuestras esperanzas? La primera pareja de hermanos de la historia humana según la Biblia es la de Caín y Abel, en el mito de Roma, Rómulo y Remo: motivo recurrente, parodia cruel que nos describe la misma realidad en neto contraste con el himno que hoy se eleva a la "fraternidad". ¿Y la experiencia que hemos vivido desde 1789 en adelante no agrega nuevos trazos, todavía más terribles a esta parodia, y no agrega colores más terribles de los que nos habíamos habituado en la visión de Caín y Abel? ¿De donde sabemos que la paternidad es un bien del cual nos podemos fiar y Dios, no obstante toda apariencia, no juega con el mundo sino que lo ama y lo amará siempre? En efecto, Dios mismo se mostró y atravesando diversas imágenes puso una nueva medida. Esto adviene en el Hijo, el Cristo. Toda su existencia se desarrolla proyectada en el abismo de la verdad y el bien, que es Dios. Solo desde este Hijo nosotros experimentamos realmente quien es el Padre. La crítica de la religión del ochocientos sostenía que las religiones existen desde el momento en que los hombres comenzaron a proyectar en el cielo aquello que consideraban óptimo y bello, y que hacía más soportable el mundo. Cuando comenzaron a proyectar en el cielo la propia realidad, a esta le dieron el nombre de Zeus, un dios inquietante y peligroso. Pero el Padre de la Biblia no es una reduplicación celeste de la paternidad humana, porque pone algo absolutamente nuevo y ejercita su crítica al ser confrontado con toda otra paternidad. Es Dios mismo quien establece e impone la medida.
Prescindiendo de Jesús nosotros no sabríamos quien es realmente el "Padre". Esto nos viene ilustrado en la oración, la cual acompaña siempre la vida de Cristo. Un Jesús que no fuese continuamente inmerso en el Padre, que no se comunicara continuamente y profundamente con él, sería un ser totalmente diverso del Jesús de la Biblia, del Jesús real de la historia. Jesús ha vivido de la oración y en la oración comprendió a Dios, al mundo y a los hombres. Mirar el mundo con los ojos de Dios y vivirlo en su prospectiva significa ponerse a la secuela de Cristo. Es él que nos manifiesta que cosa significa vivir totalmente de la certeza que Dios es. Es él que no hace entender el significado de una aceptación de la primera tabla de los mandamientos como verdaderamente "primera". Es él que nos ha dado el sentido de esta elección de fondo. 

lunes, 21 de mayo de 2012

La conferencia del Cardenal Ratzinger en Palermo (V)

(Quinta parte del discurso de Ratzinger, con algunas ideas que a mi entender debieran ser correctamente interpretadas, sobre todo en lo que se refiere a la capacidad del hombre de pensar a Dios). 




Dios es. Y la fe agrega que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Uno y Trino. Este punto central permanece envuelto en un silencio bastante embarazante. ¿No fue la Iglesia demasiado lejos? ¿No sería mejor acontentarse con esta inmensidad, y que este ser, tan inaccesible, permaneciera en el misterio? Por otra parte ¿Que significado puede tener para nosotros? Es verdad, esta proposición es y se mantiene como expresión de la alteridad de Dios, el cual es infinitamente más grande que nosotros. Trasciende todo nuestro pensamiento y ser. De todos modos, si no hubiera nada de decir, no habría sido manifestado ni siquiera su contenido. Es claro que podía ser comprendido solo dentro de los esquemas de un lenguaje humano, porque así era insertado en el proceso de reflexión y de vida de los hombres.
Pero ¿que significa esto? Comenzando desde el momento en el que Dios mismo quiso manifestarse. El se  llama Padre. La paternidad humana nos ofrece ya una anticipación de aquello que Él es. Pero cuando esta paternidad no existe, cuando solo se experimenta como un fenómeno biológico, y no como un fenómeno humano y espiritual, se vuelve vacío también nuestro discurso sobre Dios Padre. Si la paternidad humana desaparece, no podremos ni siquiera a pensar y hablar de Dios. Dios no esta muerto pero si aquello que constituye la premisa para que el mundo conozca a Dios. La crisis de la paternidad que hoy nosotros estamos viviendo es un componente, el más importante, que amenaza al hombre en su humanidad. Observar la paternidad solo como un hecho biológico sin ningúna relación con el hombre, o bajo la forma de tiranía que debe ser rechazada, significa olvidar algo extremadamente importante para la misma estructura del ser humano. Este ser exige un padre en el verdadero sentido, esto es, en el sentido que nos fue manifestado en la fe: como  responsble por el otro, que no es dominado sino reconducido a si mismo: con amor que no quiere aprisionar al otro, pero que tampoco lo confirma en su condición, sino que lo quiere en aquella verdad profunda que tiene sus raices en el Creador. Una paternidad de este tipo solo es posible cuando se acepta el propio ser creatura. El dicho de Jesús: "Uno solo es el Padre vuestro, aquel del cielo" (Mt 23,9), nos hace comprender el modo correcto de ejercitar nuestra paternidad: no explotando nuestro poder sobre los hombres sino haciéndonos responsables de la verdad que es dada por Dios y que puede liberar también al otro, sin egoismos y para Dios.
Pero debemos reflexionar también sobre el hecho de que en la Biblia Dios se manifiesta sobre todo en la figura del "Padre". Y aquello implica que también que el misterio de la maternidad tiene origen en Él, y a Él se dirige o de Él se oculta en sus deformaciones como en la paternidad. Que el hombre sea "imagen de Dios"  lo hace comprensible en su contenido real y extremadamente práctico. El no es imagen de Dios en modo abstracto: si fuera así nos encontraríamos también ante un Dios abstracto. Lo es en su realidad concreta y esta es la relación: lo es como Padre, Madre, Hijo. Son clasificaciones que, referidas a Dios, son consideradas como imágenes; pero lo són porque el hombre es imagen y son siempre acompañadas de una exigencia de realidad. Son imágenes que exigen la "imagen" y que pueden transformarse en una presencia de Dios o en su "muerte". La humanización del hombre y el conocimiento de Dios son inseparables, justamente porque el hombre es "imagen" de Dios. Destruir el ser humano significa comprometer la imagen misma de Dios. La disolución de la paternidad y la maternidad, o su reducción a un puro momento biológico, que no tiene nada que ver con el hombre como tal, estan íntimamente ligadas a la disolución de nuestra filiación con Dios. Este es el programa de la hybris que quiere reducir al hombre a su esfera biológica para hacerlo nuevamente esclavo. Hasta las raices de nuestro ser humano y de nuestra posibilidad de pensar a Dios. Un Dios que no puede ser imaginado no puede ser ni siquiera pensado. Toda "prueba de la existencia de Dios", se revela inútil cuando nuestro pensamiento agota nuestras energías para hacer imposible toda imaginación de Dios.

Hybrises un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, resultando a menudo en merecido castigo. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como reza el famoso proverbio antiguo, erróneamente atribuido a Eurípides: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.» (Nota del T.)

jueves, 17 de mayo de 2012

La conferencia del Cardenal Ratzinger en Palermo (IV)


Dios es Uno y Trino

¿Cuantas veces hacemos en forma distraida el signo de la cruz e invocamos el nombre de la Trinidad Divina? Este gesto significa renovar las promesas bautismales, aceptar las palabras con las cuales fuimos hechos cristianos, acoger aquello que en el bautismo y sin nuestra participación y reflexión nos fue donado, asimilarlo en nuestra vida personal. Un tiempo nos fue versada el agua sobre la cabeza y proferida la palabra "Te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". La Iglesia hace al hombre cristiano pronunciando el nombre del Dios trinitario. Desde el inicio es este el modo del cual ella se sirve para explicar aquello que cree decisivo para "ser-cristiano": la fe en el Dios Uno y Trino. Quizás estas palabras les causan desilusión. Todo esto lo sentimos tan distantes de nuestra vida que nos parece inútil, incomprensible. Esperamos algo que nos atraiga, que nos estimule, algo que sea realmente importante para el hombre y su vida. Pero justamente es aquello que aparece en esta fórmula: el cristianismo está interesado sobre todo en Dios. El cristianismo no se sostiene sobre nuestras esperanzas, temores y deseos, sino sobre Dios, sobre su poder y potencia. La primera proposición de la fe cristiana, orientamento de fondo de nuestra conversión dice: Dios es.
¿Pero que significa esto? ¿Que significa en la vida cotidiana vivida en este mundo? Significa, sobre todo, que Dios es, y que entonces los "dioses" no son Dios. Es Él a quien debemos adorar, y no a otro. ¿Pero no es verdad que quizás los dioses están muertos desde hace tiempo? ¿Una expresión similar no nos parece clara hasta el punto de parecer vacía, sin ningún sentido? Quien observa atentamente la realidad se hace otra pregunta: ¿Es verdad que en nuestro tiempo no damos ningún servicio a los ídolos? ¿No hay nada que hoy se adore junto y contra Dios? ¿No es verdad que después de la muerte de Dios los dioses han reiniciado a ejercitar su inquietante poder? En el "Gran Catecismo" Lutero ha pintado en forma eficaz  la misma situación: "¿Que significa tener un Dios o que cosa es un Dios? Significa tener aquel del cual se espera todo bien y protección en todas nuestras dificultades. Tener un Dios no significa otra cosa que confiar en él con todo el corazón y a él creer con todas las fuerzas, como he dicho muchas veces y que solo esta confianza y fe de nuestro corazón hacen ambos: Dios y el ídolo". ¿En que cosa confiamos y creemos? ¿Acaso el dinero, el poder, la reputación, la opinión pública, el sexo no son poderes delante de los cuales el hombre se inclina, a los cuales le rinde un honor idolátrico? ¿Y el mundo no asumiría otro aspecto en el caso en que estos dioses fueran depuestos de sus tronos? Dios es: esto significa que sobre todos nuestros objetivos e intereses están la verdad y la justicia. Está el valor de aquello que, desde el punto de vista terreno, no tiene ningún valor. Hay una adoración de Dios, la verdadera adoración, que protege al hombre de la dictadura de los fines y que lo protege de las dictaduras ejercitadas por los ídolos. Dios es: esto significa también que nosotros todos somos sus creaturas. Solo creaturas, pero como tales fuimos originados en Dios. Nosotros somos creaturas queridas por Él y destinadas a la eternidad: lo es también nuestro vecino  y también la persona antipática. El hombre no es un producto del azar no es el resultado de una lucha por la existencia, que haría triunfar a aquel más adaptado, a aquel que se puede imponer: El hombre es fruto del amor creativo de Dios. Dios es: aquí tenemos que subrayar la copula, traducir entonces la formula en la siguiente proposición: "Dios es realmente, y aquello significa que obra, actúa". No es un origen alejado o una meta indeterminada de nuestra trascendencia. No ha tomado distancia de la maquina mundial, no ha abdicado de sus funciones porque todo funciona por si mismo. El mundo es y permanece siendo su mundo, el presente es su tiempo, y no el pasado. Él puede actuar, actúa en una forma real ahora, en este mundo y en nuestra vida. ¿ Nosotros ponemos en el nuestra confianza? ¿En los cálculos que hacemos a lo largo de nuestra vida, en nuestro vivir cotidiano, Él entra en nuestra realidad? ¿ Nos hemos dado cuenta de lo que significa la primera tabla de los Diez Mandamientos, esta instancia verdaderamente fundamental que es dada a la vida del hombre, viene después asumidas en las tres primeras invocaciones del Padre Nuestro y concretada en una directriz fundamental de nuestro espíritu, de nuestro vivir?
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