lunes, 6 de diciembre de 2021

San Nicolás y las fake news

Un nuevo 6 de diciembre y las redes sociales católicas se llenan de memes que recuerdan la supuesta bofetada que San Nicolás habría propinado a Arrio en el debate del Concilio de Nicea.

La imagen, que duda cabe, tiene su encanto. En primer lugar, es políticamente incorrecta. ¿Un obispo usando la violencia para corregir una herejía?

En segundo lugar, pareciera legitimar nuestros más perversos deseos. Aquella vez que quisimos darle un buen golpe a un cura, obispo o, por que no, papa, al escuchar que decía una gran estupidez.

En tercer lugar, nos acerca el cielo. Al final, San Nicolás fue un poco violento, pero vea usted, eso no le impidió que le dieran la aureola. Ergo...

La realidad es, sin embargo, bastante más compleja...

En primer lugar, no tenemos ningún registro que pruebe que San Nicolás haya estado en el concilio de Nicea. Es más, tenemos pruebas en contrario. Las más antiguas actas de aquel concilio no llevan la firma del obispo de Mira. Esta recién aparece en copias posteriores al siglo VII. 

En segundo lugar, tampoco tenemos ningún testimonio que hable de una bofetada a Arrio en el Concilio de Nicea o en cualquier otro contexto. Esta historia recién aparece en el siglo XIV y no habla de un mamporro al hereje sino a un seguidor del hereje... En cambio, si tenemos claros testimonios de que esta leyenda fue cambiando en los dos siglos posteriores.

En tercer lugar, si hubiera pasado algo semejante, es probable que San Nicolás habría sido castigado duramente. Tenemos registros de varios obispos que perdieron sus sedes por ejercer violencia física contra sus sacerdotes.

Querríamos creer que con todas estas pruebas la discusión está saldada, pero no, el terraplanismo eclesial es bien difícil de refutar. 

Y si las razones son claras, bien vale esta respuesta: "A nosotros nos gusta creer que si pasó". 

Ya lo decía Joseph Heller: "No dejes que la realidad te estropee una buena noticia". 



viernes, 7 de mayo de 2021

Lectura espiritual


Tímpano de la Iglesia de Saint Trophime, Arles s.XII

Los Evangelios son cuatro y nada más que cuatro: como las regiones del mundo, como los vientos más importantes.

Estos cuatro Evangelios, en realidad, son un único Evangelio: un Evangelio cuadriforme, inspirado por el único Espíritu; un Evangelio que tiene cuatro aspectos, los cuales representan la actividad del Hijo de Dios. 

Son como los cuatro querubines descriptos por Ezequiel. Dice el profeta: "El primero tenía el semblante de un león", en el sentido que simbolizaba la acción dominadora y real de Cristo; "el segundo tenía el aspecto de un ternero", lo que manifiesta su función sacerdotal y sacrificial; "el tercero tenía el aspecto de hombre", como indudable referencia a la venida del Señor en la naturaleza humana; "el cuarto tenía el aspecto de un águila que vuela", con clara alusión a la gracia del Espíritu que sopla sobre la Iglesia.

A estos símbolos corresponden los cuatro Evangelios. Cristo está en el centro. 

San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, III, 11, 8. 

jueves, 6 de mayo de 2021

Lectura espiritual


El Hijo de Dios en persona, aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad, expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre, él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumiendo todo lo humano, excepto el pecado. 

Enriquece a los demás, haciéndose pobre él mismo, ya que acepta la pobreza de mi condición humana para que yo pueda conseguir las riquezas de su divinidad.

El buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió en busca de la oveja descarriada, por los montes y collados donde sacrificábamos a los ídolos; halló a la oveja descarriada y, una vez hallada, la tomó sobre sus hombros, los mismos que cargaron con la cruz, y la condujo así a la vida celestial.

Fue necesario que Dios se hiciera hombre y muriera, para que nosotros tuviéramos vida. Hemos muerto con él, para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; hemos sido glorificados con él, porque con él hemos resucitado.

San Gregorio Nacianceno. Sermón 5.

martes, 27 de abril de 2021

El Buen Pastor II

Imagen del buen pastor en las catacumbas de Priscilla.


Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo, busca a tu oveja extenuada.

Ven, Pastor, busca como buscaba José a sus ovejas.

Tu oveja ha caminado errabunda mientras tú tardabas, mientras tú te entretenías por los montes. Deja tus noventa y nueve ovejas y ven a buscar a la que vagaba.

Ven sin perros

Ven sin rudos asalariados.

Ven sin el mercenario, que no sabe pasar por la puerta.

Ven sin ayudante, sin intermediarios, ya que desde hace tiempo estoy esperando tu venida.

Sé que estás a punto de llegar, si es verdad que no he olvidado tus mandamientos.

Ven, pero sin bastón; con amor y con actitud de clemencia.(...)

Ven a mi que estoy oprimido por el ataque de lobos feroces. Ven a mi que, expulsado del paraíso sufro del veneno y de la herida que ha provocado la mordida de la serpiente, 

Ven a mi que me he alejado de tu rebaño por los montes. 

Búscame, pues yo te busco. 

Búscame, hállame, recíbeme, llévame. Puedes hallar al que tú buscas; te dignas recibir al que hubieres encontrado, y cargar sobre tus hombros al que hubieras acogido. No te es enojosa esta piadosa carga, no te es oneroso transportar la justicia. 

Ven, pues, Señor, pues si es verdad que me extravié, sin embargo no olvidé tus mandatos; tengo mi esperanza puesta en la medicina. 

Ven, Señor, pues eres el único capaz de reconducir la oveja extraviada; y a los que dejares, no les causarás tristeza, y a tu regreso ellos mismos mostrarán a los pecadores su alegría. Ven a traer la salvación a la tierra y alegría al cielo.

Ven, pues, y busca a tu oveja, no ya por mediación de tus siervos o por medio de mercenarios, sino personalmente. Recíbeme en la carne, que decayó en Adán. Recíbeme como hijo no de Sara, sino de María, para que sea una virgen incorrupta, pero virgen de toda mancha de pecado por la gracia. Llévame sobre la cruz, que es salvación para los extraviados: sólo en ella encuentran descanso los fatigados, sólo en ella tienen vida todos los que mueren.

San Ambrosio de Milán, Comentario al Salmo 118, XXII, 28-30. 

viernes, 23 de abril de 2021

Biden y el catolicismo progre

Las elecciones presidenciales de los Estados Unidos son, cada vez más, un fenómeno mundial capaz de tener cientos de lecturas diferentes. Las últimas generaron un pequeño terremoto en el ámbito católico. De un lado estaban los defensores de Trump, quienes intentaban presentar al presidente americano como un nuevo Constantino que necesitaba solo de otro mandato para terminar con la labor de reconstrucción del Occidente cristiano que había empezado. Por el otro lado, estaban los defensores de Biden que veían en el candidato demócrata la oportunidad de cortar con la sangría que lleva a cada vez más católicos a las filas del Partido Republicano.

Algunos politólogos e historiadores europeos (por ejemplo los italianos M. Graziano y M. Faggioli, en efecto, en Italia hay un particular interés de la cultura católica por entender el fenómeno del catolicismo americano) trataron de explicar la importancia que tenían estas elecciones en el marco de una Iglesia Católica dividida como “nunca antes”. Según estos, la candidatura de Biden sería parte de una maniobra impulsada entre otros por el papa Francisco para frenar el ataque de grupos cercanos al tradicionalismo, inspirados por el magisterio de Juan Pablo II y Benedicto XVI y dirigidos por Steve Bannon y el cardenal Burke, quienes no solo tenían la intención de dar un golpe de Estado en Roma, sino también el de enterrar las enseñanzas del Concilio Vaticano II. (cfr. “I cattolici spaccati più che mai” de Manlio Graziano aparecido en el Corriere della Sera el 10 de enero del 2021).

La mayoría de estos análisis eran de un simplismo llamativo, y sin embargo, necesitaban de una respuesta ordenada y que conociera en profundidad la realidad americana.

Pues bien, la respuesta ha llegado. Quizás un poco tarde, pero sin ninguna duda oportuna. Un artículo aparecido en estos días en el Washington Post, firmado por Kenneth L. Woodward, católico, simpatizante del partido demócrata y editor de la sección de religión en la revista Newsweek desmonta uno a uno los postulados de estos estudiosos y revela hasta que punto la ideología y el oportunismo pueden crear discursos artificiosos, poco rigurosos y en última instancia inconsistentes.

Joe Biden puede unificar el país. No le pidan que unifique a los católicos.

Por Kenneth L. Woodward.

Las 161 páginas de "Joe Biden y el catolicismo en los Estados Unidos" tienen la brevedad, la valentía y el pensamiento binario de un buen tratado político. Que, de hecho, es lo que es. La hermosa foto de portada de Biden es de calidad de campaña, y la declaración de apertura es audazmente exagerada.

La elección de Biden como el segundo presidente católico de los Estados Unidos, escribe Massimo Faggioli, "por sí sola hizo que las elecciones estadounidenses de 2020 fueran históricamente notables, distintivas tanto en la historia política como religiosa de los Estados Unidos".

Esa distinción puede pertenecer más propiamente a las elecciones de 2004, cuando la mayoría de los votantes católicos no prefirió al candidato católico a la presidencia. El rechazo de John Kerry, el segundo senador católico irlandés de Massachusetts en postularse para el cargo, puso un firme paréntesis de cierre al tiempo en el que los políticos hablaban con seguridad sobre algo llamado "el voto católico".

Faggioli, profesor de teología y estudios religiosos en la Universidad de Villanova, todavía cree que sí se puede hablar.

Antes de su llegada a Estados Unidos en 2008, Faggioli pasó la década anterior en el Instituto Juan XXIII de la Universidad de Bolonia, donde los renombrados historiadores eclesiásticos Giuseppe Alberigo y, más tarde, Alberto Melloni disputaron en un alto nivel hermenéutico con varias universidades pontificias por la correcta interpretación de las reformas del Vaticano II. La visión de Faggioli del papado del Papa Francisco en relación con la de sus predecesores recientes tiene la misma polémica.

Desde estas orillas, Faggioli se ha desempeñado como comentarista frecuente en publicaciones europeas, interpretando eventos políticos y eclesiásticos estadounidenses para audiencias en el extranjero, así como para sus estudiantes de pregrado.

Pero a juzgar por este pequeño volumen, la comprensión de Faggioli de la historia religiosa estadounidense es asombrosamente poco sólida. En el primer párrafo, anuncia que la Iglesia Católica en los Estados Unidos últimamente ha "soportado divisiones internas entre sus miembros como ninguna otra iglesia y como nunca antes en la historia moderna".

¿En serio? Durante la Guerra Civil, los presbiterianos y los bautistas se dividieron en denominaciones separadas y, en los últimos 10 años, la Convención Bautista del Sur, los Episcopaliano y los Metodistas Unidos han sufrido divisiones o cismas absolutos. En comparación, las luchas internas entre católicos liberales y conservadores es un intercambio de escupitajos ideológicos.

Faggioli también afirma que la Iglesia Católica en Estados Unidos tiene "una marcada sensibilidad sobre la cuestión de la libertad religiosa, mayor que otras confesiones en Estados Unidos y en otras partes del mundo". Aparentemente no sabe que los Bautistas, desde Roger Williams hasta la familia Green del reciente caso de Hobby Lobby (NdT.: Se refiere al caso en el que en que una empresa defendió el derecho que tienen sus dueños a operar en sus negocios familiares sin tener que violar sus convicciones religiosas), han hecho de la libertad religiosa su principal preocupación y característica de identificación, sobre todo durante la reciente pandemia.

Más desconcertante es la confusión que hace de la historia electoral católica de Estados Unidos en un libro supuestamente dedicado a este tema. Ciertamente hubo oposición a la fe del primer candidato católico a la presidencia, Al Smith, en 1928, como señala Faggioli. Pero ignora la amenaza real que la candidatura de Smith representaba para los protestantes y para la nación que pensaban de haber construido sus antepasados religiosos: la comprensión de que millones de irlandeses y otros inmigrantes católicos estaban ahora organizados para ejercer un poder político real, como lo simbolizaba las conexiones que Smith tenía con la maquinaria electoral demócrata.

Para empeorar las cosas, esta era la época de la Ley Seca, y en el distrito electoral de Smith, o sea en Nueva York, se bebía y había familias numerosas, dos males que los reformadores sociales, desde la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza hasta el movimiento de control de la natalidad de Margaret Sanger, intentaron erradicar.

En la América de posguerra, los católicos fueron vistos más favorablemente, gracias en parte al pacífico pontificado de Juan XXIII. Pero Faggioli se equivoca al decir que “el establishment protestante” se opuso a Kennedy. En 1960, ese establishment se reunió en el Consejo Nacional de Iglesias. La principal voz organizativa de este grupo fue el teólogo Reinhold Niebuhr, quien, contra Faggioli, apoyó la candidatura de Kennedy. La oposición provino de una banda bastante más pequeña de evangélicos anticatólicos organizada por Billy Graham, un amigo íntimo del oponente de Kennedy, Richard Nixon.

Faggioli también confunde la relación entre los católicos estadounidenses y el Partido Republicano. "Comenzando con la presidencia de Reagan", escribe, "el desplazamiento de los católicos hacia el Partido Republicano ha vuelto su concepción del estado y del gobierno más liberal, aceptando el modelo económico de libre mercado".

Sin embargo, el abrazo de los católicos estadounidenses a la economía de libre mercado comenzó mucho antes de la elección de Ronald Reagan. Había empresarios liberales entre las mayorías católicas que anteriormente apoyaron a Eisenhower en 1956 y a Nixon en 1972. Más concretamente: el autor aún no se ha dado cuenta de que la mayoría de los católicos, como la mayoría de los estadounidenses, votan por el partido, el bolsillo y las personas, pero rara vez por las políticas que los candidatos proponen.

Si bien la presidencia de Reagan atrajo comprensiblemente a católicos políticamente conservadores, la mayoría de los "demócratas por Reagan" fueron el producto de las reformas que hizo George Govern, el candidato del Partido Demócrata, durante la campaña de 1972. El efecto de esas reformas fue eliminar la influencia de los líderes partidarios en los estados y sindicatos, muchos de ellos católicos, y eso dio preferencia a los votantes suburbanos y con mayor educación sobre los de la clase trabajadora blanca.

Cuando Faggioli analiza el momento actual de la política estadounidense, hiperbólicamente plantea la fantasiosa idea de que los partidarios de la "izquierda global" de Francisco y la "América liberal" de Biden luchan contra una conspiración internacional de los conservadores católicos "neos": "neo integralistas", "Neofundamentalistas" y "neorreaccionarios", que se remontan a la iglesia del Papa Juan Pablo II y el "Papa Ratzinger".

En este marco se encuentra el presidente recién electo, un católico que, según Faggioli, es capaz no solo de unir políticamente al país, sino también de "elevarse y superar las profundas divisiones dentro de la Iglesia católica estadounidense".

Pobre Joe. Lo apoyé en las primarias y en noviembre, y le deseo lo mejor con un Senado 50/50. Pero la idea de que un político de carrera, con 78 años, cuyos hábitos de devoción, como los míos, están arraigados en la iglesia de los años '50, anterior al Vaticano II, pueda unir a los católicos de hoy es un gran interrogante.

También es demasiado pedir a un presidente que, como otros políticos católicos, se ha visto comprometido moralmente por la insistencia del partido de que todos los funcionarios apoyen una política sobre el aborto más extrema que cualquiera hecha por un partido europeo. Faggioli describe eufemísticamente la postura de Biden sobre este asunto como "evolucionada" y "moderada".

Nunca sabría por este libro que Francisco, como sus predecesores inmediatos, ha condenado repetidamente la práctica del aborto, una condena que, por otra parte, se remonta a los primeros documentos de la iglesia cristiana.

Las expectativas de Faggioli para Biden asumen, como él escribe, que los presidentes estadounidenses son líderes religiosos, políticos y morales. Billy Graham también pensaba lo mismo, razón por la cual se opuso a Kennedy. Más de 60 años después, Faggioli no tiene excusa para cometer el mismo error.


jueves, 22 de abril de 2021

Lectura espiritual


Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la perfección del hombre. El alma obtiene grandes ventajas de la lectura de la Biblia.

Como un árbol plantado sobre la orilla de un río, el alma regada de la Biblia adquiere vigor, produce un fruto sabroso, esto es la fe auténtica, y se adorna con miles de hojas verdosas, o sea de acciones que gustan a Dios.

La Biblia nos conduce a la perfección pura y a las acciones santas. En ella encontramos la exhortación a todas las virtudes y la advertencia a todos los males. 

Por eso llamemos a la puerta de este magnífico jardín que es la Biblia. 

Es un jardín perfumado, suave, bellísimo. Encanta a nuestros oídos con la dulce polifonía de las aves espirituales y divinas, toca nuestro corazón, nos consuela en la tristeza, nos aplaca en el momento de la ira, nos llena de alegría eterna. 

Llamemos con diligencia y con constancia. No nos desalentemos de llamar. La puerta nos será abierta. 

Si hemos leído una página de la Biblia dos o tres veces y no la hemos entendido, no nos cansemos de releerla y de meditarla. 

Busquemos en la fuente de este jardín el agua que brota y sube hasta la vida eterna. Gustaremos una alegría inagotable, porque inagotable es la gracia del jardín de la Biblia. 

San Juan Damasceno, Sobre la Fe ortodoxa, 4, 7.

miércoles, 21 de abril de 2021

Lectura espiritual


Al príncipe de este mundo le ha sido ocultada la virginidad de María, y su alumbramiento, al igual que la muerte del Señor: tres misterios sonoros, que fueron realizados en el silencio de Dios. ¿Cómo, pues, fueron manifestados a los siglos? Un astro brilló en el cielo más que todos los demás, y su luz era indecible, y su novedad sorprendente, y todos los otros astros junto con el sol y la luna se formaron en coro alrededor suyo y él proyectó su luz más que todos los astros. Y ellos se turbaron preguntándose de dónde venía esta novedad tan distinta de ellos mismos. Entonces fue destruida toda magia, y toda ligadura de malicia abolida, la ignorancia fue disipada, y el antiguo reino arruinado, cuando Dios se manifestó hecho hombre, "para una novedad de vida eterna". Y lo que había sido preparado por Dios se comenzó a realizar. Desde entonces, todo se conmovió porque la destrucción de la muerte se preparaba.

San Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios 19