jueves, 19 de enero de 2023

El Hombre, prueba de lo desconocido


Giusto de' Menabuoi, s.XIV, Batisterio de Padova. 

Pensando en como está hecho el hombre, sentimos la admiración por la sabiduría del Creador que se manifiesta en nosotros.

Es suficiente observar las diversas funciones de los sentidos, los cuales parten de un único centro, el cerebro y llevan a él cualquier percepción: la vista, el olor, el gusto, el tacto. Y observen los otros órganos, sean internos o externos. Y la memoria, que recoge elementos numerosos y distintos sin confundirlos ni alterarlos. Y muchas imágenes que no se superponen una con la otra, sino que se representan siempre en el momento oportuno. 

No podemos sino que detenernos con el salmista y decir: "Demasiado sublime, oh Señor, es para mi tu sabiduría, es tan alta que no logro alcanzarla" (Sal 139, 6). 

De hecho ¿quién logrará explicar totalmente la armonía que se revela en nuestro cuerpo y la profundidad que tiene el alma? Sobre este argumento han escrito innumerables pensadores. Y sin embargo, aquello que acabamos de decir es apenas una pequeña parte en relación con lo que falta decir. Porque la razón humana no puede alcanzar la sabiduría divina. 

Por eso el Salmista exalta a Dios por aquello que comprende, pero confiesa abiertamente sentirse vencido: no puede abrazar todas las maravillas que se observan en el hombre.

Esa confesión es ya un digno canto de alabanza. 

Teodoreto de Ciro, 

Terapia de las enfermedades de los paganos5, 81. SC 57, 252.


viernes, 6 de enero de 2023

El pequeño gran Rey



Cuando un artesano construye un instrumento, le da la forma que corresponde a su función. Así, el mejor de los artesanos, Dios, ha hecho al hombre de modo tal que pudiera desarrollar su función como rey de la Tierra.

La superioridad que deriva de poseer un alma, lo mismo que el aspecto físico, la autonomía, el gobierno de la propia voluntad ¿no son prerrogativas del poder real? Agreguemos el hecho que el hombre fue creado a imagen de Aquel que gobierna el Universo. Todo demuestra que desde el principio, su naturaleza fue marcada por la regalidad.

Según las costumbres, los pintores que retratan a los reyes no buscan de representarlos detalladamente su figura, sino de indicar su dignidad, pintando un vestido de color púrpura, de modo tal que la gente, mirando aquella imagen, pueda decir: "He aquí el Rey". 

También el hombre es rey. Creado para dominar al mundo ha recibido la semejanza con el Rey Universal, es la imagen viva que participa con su dignidad a la perfección del divino Modelo. 

Pero esta dignidad no tiene como signos los vestidos de púrpura, el cetro o una diadema, dado que tampoco Dios tiene estos signos. Más que de púrpura, el hombre se ha revestido de virtudes, el hábito más real de todos; en lugar de un cetro, él posee la alegre inmortalidad; en lugar de una diadema, brilla en él la justicia. 

Así todo, en el hombre, se manifiesta la dignidad real, la perfecta semejanza con la belleza de Dios.

San Gregorio de Nisa, La creación del hombre 4.


La Adoración de los Magos, s. XIV, Gentile da Fabriano, Galleria degli Uffizi, Florencia. 

jueves, 22 de diciembre de 2022

O Emmanuel


7-La antífona del 23 de diciembre


Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

O Emmanuel, Rex et legifer noster, exspectatio Gentium, et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine, Deus noster.

Para la última antífona fue elegido el nombre del niño anunciado por Isaías al rey Ajaz de Jerusalén: “Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel” (Is 7,14). Mateo, en la narración del anunció a José, ve en el nacimiento de Jesús el cumplimiento de esa profecía (Mt 1,23).
Solo los cristianos reconocen en Emmanuel a Dios. De hecho esa palabra hebraica significa “Dios con nosotros” pero el uso cristiano supera infinitamente el sentido de la profecía de Isaías.
Los dos títulos siguientes, “rey y legislador nuestro” y la oración final “ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro”, se refieren a Is 33, 22: “Porque el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey: él nos salvará”. Este texto fue puesto por algunos Padres, como San Jerónimo y San Teodoreto, en los labios de la Iglesia.
La invocación que concluye la antífona, “Señor Dios Nuestro”, es rara en la Vulgata y podría referirse a la oración de Ezequías después del asedio de Jerusalén por parte de las tropas de Senaquerib: “Pero ahora, Señor Dios Nuestro, sálvanos de su mano y que todos los reinos de la tierra reconozcan que tú solo Señor eres Dios” (Is 37, 14). Un claro eco de ella la tenemos en la profesión de fe de Tomás, siete días después de la Resurrección (Jn 20, 28).  
Queda la invocación “esperanza de las naciones y salvador de los pueblos”. La primera parte hace referencia a la bendición de Jacob en su versión de la LXX: “El cetro no se apartará de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas hasta que llegue aquel a quien le pertenece y que es esperanza de las naciones” (Gn 49, 10). La segunda parte, “salvador de los pueblos", no se encuentra con esa forma en la Biblia. Podría aludir a la expresión de Isaías, traducida por Jerónimo: “¡Derramad cielos el rocío, desde lo alto, y que las nubes lluevan sobre el Justo! ¡Que se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia! (Is 45, 8) y también a varias expresiones del Nuevo Testamento: “Ya no creemos por lo que tú has dicho: nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo” (Jn 4, 42) o “Nosotros nos fatigamos y luchamos porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen” (1 Tm 4, 10).
Esta última antífona es la única de las siete que insiste sobre la referencia a Cristo como Nuestro Señor.

ERO CRAS

La división entre las cuatro primeras antífonas y las tres últimas solo al final es comprendida en su totalidad. Las cuatro primeras constituyen un conjunto notorio al formar el acróstico CRAS, es decir mañana. Todos los títulos e incluso las preguntas provienen del Antiguo Testamento.
Para los últimos tres días del setenario, donde se forma el acróstico ERO, es decir estaré, las referencias escriturísticas de los títulos mesiánicos se dirigen al Nuevo Testamento y a la exégesis cristiana del Antiguo.
De esta forma, con las palabras "Mañana estaré", Cristo responde a los ruegos de los fieles, que por siete días han implorado que él se haga presente. 
La lectura de las antífonas mayores del Adviento, muestra así, una desarrollada teología. La espera orante de la Navidad se presenta como una relectura cristiana de los pasos mesiánicos más importantes del Antiguo Testamento siguiendo las huellas del Nuevo.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

O Rex Gentium


6-La antífona del 22 de diciembre


Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

O Rex Gentium, et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem, quem de limo formasti.

El doble título de Rey de las naciones y deseado de los pueblos, alude a dos textos proféticos. El primero se lee en el libro de Jeremías: “¿Quién no sentirá temor de ti, Rey de las naciones? Si, eso es lo que te corresponde, porque entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay nadie como tú” (Jer 10, 7). Ese título es citado en el Apocalipsis, cuando los mártires entonan el Canto del Cordero: "Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los pueblos. ¿Quién dejará de temerte, Señor, quién no alabará tu Nombre? Solo tú eres santo, y todas las naciones vendrán a adorarte, porque se ha manifestado la justicia de tus actos (Ap 15, 3).
El segundo se refiere al profeta Ageo: “Dentro de poco tiempo, yo haré estremecer el cielo y la tierra, el mar y el suelo firme. Haré estremecer todas las naciones y vendrá el deseado de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa, dice el Señor de los Ejércitos” (Ag 2, 6-7).
Estos títulos son iluminados por las palabras de San Pablo a los Efesios: “Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo” (Ef 2, 20), y se relacionan también con las palabras de Isaías: “Por eso, así habla el Señor: Miren que yo pongo una piedra en Sión, una piedra a toda prueba, una piedra angular, escogida, bien cimentada: el que tenga fe, no vacilará” (Is 28, 16). Después la antífona se refiere a Ef 2, 14-15: “Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz”.
En la antífona, entonces, se debe entender que Cristo es la piedra angular que une pacíficamente judíos y paganos en una sola comunidad, que es la Iglesia.
Salva al hombre que formaste del barro de la tierra”. Esta oración, que concluye la antífona, es tomada de la narración de la creación del hombre que se encuentra en el Génesis. La idea de que sea Cristo quien haya plasmado al hombre ya fue elaborada por Clemente de Alejandría (El Pedagogo, I, 98, 2): “A mi me parece que fue él quien plasmo al hombre con barro, que lo regeneró con el agua y lo hizo crecer con el Espíritu”. También San Ireneo explicaba en en Contra las Herejías (V, 28, 4): “El hombre fue plasmado por las manos de Dios, es decir por el Hijo y por el Espíritu Santo, y fue hecho a imagen y semejanza de Dios”. 
De esta manera, la antífona refuerza la idea de que todos los hombres, paganos y judíos, fueron creados de la misma arcilla y que la salvación operada por Cristo tiene una extensión universal. También contrapone la debilidad de la naturaleza humana creada con barro y la fortaleza de la gracia, que es la piedra sobre la que se construye la Iglesia.

martes, 20 de diciembre de 2022

O Oriens

 


5-La antífona del 21 de diciembre

Oh Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

O Oriens, splendor lucis aeternae, et sol justitiae: veni, et illumina sedentes in tenebris, et umbra mortis.

Hay un fuerte contraste entre el final de la cuarta antífona, que pide la liberación de aquellos que están en las tinieblas y el tema repetido de la luz al inicio de la quinta. La unión entre las dos antífonas también esta dada porque las dos terminan con la misma invocación.
No podemos olvidar que el 21 de diciembre es el día del solsticio de invierno en el hemisferio norte, es decir que desde aquel día la luz solar comienza a aumentar.
La invocación propone tres títulos de Cristo sobre la base de textos del Antiguo Testamento:
En Zc 6, 12: “Tú le dirás: Así habla el Señor de los ejércitos: Aquí hay un hombre llamado “Sol que surge” (Germen): allí donde esté, algo va a surgir y él reconstruirá el Templo del Señor. El reconstruirá el Templo del Señor, llevará las insignias reales, se sentará y dominará en su trono”. El término ya había sido utilizado por el profeta Jeremías para indicar un futuro descendiente justo de David: “Llegarán los días -oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país” (Jer 23, 5).
El eco de este sentido se encuentra en el canto de Zacarías, el padre de Juan Bautista, cuando dice: “Y tu niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados; gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del sol que nace, para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombre de la muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz" (Lc 1, 76-79).
El segundo título, “esplendor de la luz eterna” es uno de los atributos de la Sabiduría: “Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad” (Sab 7, 26). La luz eterna es aquella del Omnipotente, y la Sabiduría es su esplendor. Así lo interpretaba Orígenes en su libro De Principii.
El tercer título, “sol de justicia", proviene del profeta Malaquías: “Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia, que trae salud en sus rayos” (Mal 3, 20). Esta profecía anuncia el Día del Señor. La expresión no se encuentra en ningún otro lado de la Biblia pero se hizo común en algunos escritos del siglo III atribuidos a Cipriano de Cartago.
Toda la antífona también refleja la idea de iluminar que alude a la profecía mayor de Isaías: “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz (…) Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: “Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz”. Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y sostendrá por el derecho y la justicia desde ahora y para siempre” (Is 9, 1.5-6).
Con la quinta antífona comienza una nueva prospectiva. El título que se atribuye a Cristo solo se entiende a partir del Nuevo Testamento. La luz que nace al amanecer anuncia la próxima llegada del Mesías.

lunes, 19 de diciembre de 2022

O Clavis David

 


4-La antífona del 20 de diciembre

Oh Llave de David y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

O Clavis David, et sceptrum domus Israel; qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veni, et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris, et umbra mortis.
Dos son los textos principales del Antiguo Testamento de los cuales esta antífona trae casi todas sus expresiones.
El primero se lee en Is 22, 22: “Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá”.
El oráculo profético inviste a Eliaquim como maestro del palacio real en lugar de Sebná.
En el Nuevo Testamento, el oráculo de Isaías es citado en Ap 3, 7-11 atribuyéndoselo al Santo, es decir a Cristo, que dice a la Iglesia de Filadelfia: “Yo conozco tus obras; he abierto delante de ti una puerta que nadie puede cerrar, porque a pesar de tu debilidad, has cumplido mi Palabra sin renegar de mi Nombre (…). Ya que has cumplido mi consigna de ser constante, yo también te preservaré en la hora de la tribulación, que ha de venir sobre el mundo entero para poner a prueba a todos los habitantes de la tierra. Yo volveré pronto: conserva firmemente lo que ya posees, para que nadie pueda arrebatarte la corona”.
En la antífona se agrega la explicación: “Cetro de la casa de Israel”, que alude al oráculo mesiánico de Jacob: “El cetro no se apartará de Judá,  ni el bastón de mando de entre sus piernas, hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia” (Gn 49, 10).
En la pregunta final de la antífona se reconoce al primer canto del Siervo del Señor: “Yo te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la càrcel a los que habitan en las tinieblas de la muerte” (Is 42, 6-7) y del Salmo 107 (106), 10-14: “Estaban en tinieblas, entre sombras de muerte, encadenados y en la miseria, por haber desafiado las órdenes de Dios y despreciado el designio del Altísimo. El lo había agobiado con sufrimientos, sucumbían, y nadie los ayudaba; pero en la angustia invocaron al Señor y él los libró de sus tribulaciones: los sacó de las tinieblas y las sombras e hizo pedazos sus cadenas”. El salmo da gracias a Dios que libera de todo infortunio.
Es así entonces que esta cuarta antífona, prosigue con la lectura mesiánica de textos proféticos y de nuevo Isaías es el profeta por excelencia.
La tercera antífona presentaba a Cristo mismo, como un signo por sobre todos. La cuarta insiste sobre sus acciones, sobre su poder absoluto, el de abrir y cerrar, y como el Siervo del Señor, sobre su rol de liberar a los que se encuentran como prisioneros de las tinieblas. 

O Radix Jesse



3-La antífona del 19 de diciembre

Oh Raíz del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a liberarnos, no tardes más.

O Radix Jesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem Gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, jam noli tardare.
Después de Moisés y el Éxodo se pasa ahora al mensaje de los profetas, especialmente a aquel de Isaías. De hecho la mayor parte de esta antífona toma Isaías 11, 10: “Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones las buscarán y la gloria será su morada”.
Ciertamente el texto del profeta se refiere al Mesías davídico. Ya el apóstol Pablo había visto que en Cristo se cumplía la promesa anunciada por Isaías: "Y el profeta Isaías dice a su vez: Aparecerá el brote de Jesé, el que se alzará para gobernar las naciones paganas: y todos los pueblos pondrán en él su esperanza" (Rm 15, 12).
Hay que notar que esta profecía se inserta al centro de otra, que proviene de Isaías 52, 15: El Siervo sufriente, el cual, después de su pasión que lo había vuelto irreconocible, será exaltado y elevado mucho; entonces las naciones, que estaban asombradas por su aspecto ignominioso, se maravillaran por él y los reyes cerraran la boca: “Si, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre, y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído” (Is 52, 13-15).
Entonces, de alguna manera, la antífona toma la esperanza davídica, pero sobreentiende el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo.
Además, como en las dos profecías de Isaías, la antífona parte del descendiente de Jesé, esperanza de Israel, para alargar el horizonte a los pueblos, a los reyes de la tierra, a las naciones. Estamos aquí en la prospectiva de salvación para toda la humanidad. El cristianismo es consciente de su vocación universal.
En cuanto a la frase que concluye la estrofa se trata de una referencia segura a una profecía de Habacuc. El profeta espera como un centinela el oráculo del Señor; cuando este interviene, anuncia a Habacuc que la visión prometida se realizará, aunque debe esperar. Dice Habacuc 2, 1-4: “Me pondré en mi puesto de guardia y me apostaré sobre el muro; vigilaré para ver que me dice el Señor, y qué responde a mi reproche. El Señor me respondió y dijo: Escribe la visión, grábala sobre una tablas para que se la pueda leer de corrido. Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará. El que no tiene el alma recta sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad”.
Este texto es muy querido a los autores del Nuevo Testamento y de hecho es citado textualmente dos veces como signo de la constancia cristiana:  Heb 10, 37-38 y 2 Pt 3, 9.
La tercera antífona entonces traza un nuevo paralelo entre las dos profecías de Isaías: la del rey davídico esperado y el Siervo sufriente que expiará los pecados de todos los hombres.

sábado, 17 de diciembre de 2022

O Adonai



2-La Antífona del 18 de diciembre

Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a liberarnos con el poder de tu brazo.

O Adonai, dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparisti, et in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extento.

Sorprende la invocación Adonai al inicio de este antífona. Adonai es una palabra hebrea que significa Señor. Se introdujo en la lectura de la Biblia hebrea en el siglo III a.C. para sustituir la palabra Yahvé, la cual estaba prohibido pronunciar por una interpretación del segundo mandamiento. Aparece en la Vulgata dos veces: Ex 6, 2 y Jdt 16, 13. 

En Ex 6, 2 el Señor explica a Moisés que no ha revelado su nombre a los patriarcas: la hará por primera vez a Él.

Si la primera antífona tomaba algunos libros sapienciales para explicar la creación del universo relatada en el Génesis, en esta segunda antífona se ilustra la salvación operada por Dios en el Éxodo. 

La expresión "Pastor de la casa de Israel" recuerda la salida de Egipto y el modo en el cual Dios se manifestó, primero a Moisés, en la zarza ardiente y después a todo su pueblo, por medio de la Ley dada en el Sinaí. 

Por último, se invoca la presencia del Señor haciendo memoria del cruce del mar Rojo y del canto que entonaron los israelitas: "Extendiste tu mano y los trago la tierra. Guías con fidelidad al pueblo que has rescatado y lo conduces con tu poder hacia tu santa morada" (Ex 15, 12-13). 

Nos debemos preguntar por que motivo el autor relate aquí lo que sucede en el Éxodo. Esta segunda antífona ¿habla de Cristo?

Si, porque de hecho, antes de San Agustín, la tradición cristiana atribuía a la segunda persona de la Santísima Trinidad la revelación del Antiguo Testamento (ej. Clemente de Alejandría, El pedagogo, 2, 8, 75). La razón era que esta revelación era hecha por medio de la palabra, es decir mediante el Verbo de Dios.

Se traza así un segundo paralelo entre las manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento, que llevaron a la liberación de Israel y al ingreso en la Tierra Prometida, y la manifestación de Cristo a partir de su nacimiento, que nos libera del pecado y nos lleva a la salvación.



viernes, 16 de diciembre de 2022

O Sapientia


 

Desde el 17 al 23 de Diciembre, las siete antífonas que acompañan el canto del Magnificat en las Vísperas de la Liturgia de las Horas, constituyen una serie llamada “antífonas mayores” o “antífonas O”.

De hecho, cada una de ellas comienza con una invocación “Oh” dirigida a Nuestro Señor.

Este septenario es muy antiguo: Se remonta al tiempo del papa Gregorio Magno, en torno a los años 600, y se encuentran en el Liber responsalis sive antiphonarius. Desde aquellos tiempos fue muy valorado, al punto que en el Medioevo era entonado en la catedrales y monasterios por los principales responsables de la comunidad y, durante su canto, repicaban las campanas de las iglesias. 

Su denso contenido bíblico, su profunda teología y su alto nivel lírico las convierte en verdaderas joyas de la liturgia cristiana.

Cada una de estas antífonas fue compuesta muy cuidadosamente. De hecho se pueden ver en ellas tres partes. La primera, en la que se da a Cristo un título mesiánico introducido por la O, la segunda en la que se explica ese título, y la tercera, en la que se invoca la presencia del Señor. 

En estos días buscaremos las distintas referencias bíblicas con las que estás antífonas fueron construidos, a modo de centón, siguiendo un articulo del p. Maurice Gilbert S.I. 

1-La antífona del 17 de diciembre

Oh Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.

O Sapientia, quae ex hore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.

El primer título es el de Sabiduría, concepto que en los últimos siglos de la era precristiana, se presentaba como una personificación de las cualidades divinas, que había colaborado con la obra de la Creación (Pr 8, 22-31). Es este una de las cimas del desarrollo teológico veterotestamentario, al situarla en la esfera divina, unida a Dios y, sin embargo, distinta del Uno. Este concepto prepara la doctrina trinitaria del Nuevo Testamento y ofrece una perspectiva adecuada para entender la figura de Jesús en cuanto Sabiduría de Dios encarnada. 

Así dice San Pablo a los Corintios: “predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos”. (1 Cor 1,23-24). Con el correr del tiempo, esa identificación entre la Sabiduría y Jesús se fue haciendo más explícita. Orígenes lo demuestra al interpretar cristológicamente el pasaje del libro de la Sabiduría que dice: “La Sabiduría es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso nada manchado puede alcanzarla. Ella es el resplandor de su luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad”. (Sab 8,25-26).

Esta Sabiduría ha brotado de la boca del Altísimo: “Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina. Levanté mi carpa en las alturas y mi trono estaba en una columna de nube”. (Eclesiástico 24, 3-4). Por supuesto, la frase se refiere a la palabra creadora del Génesis, por medio de la cual todas las cosas fueron creadas, y es retomada por Juan en el Prólogo de su Evangelio: “Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe” (Jn 1, 3) y por San Pablo en la Carta a los Colosenses: “porque en él fueron creadas todas las cosas tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él” (Col 1, 16).

Según el libro de la Sabiduría, esta “se extiende de un lado al otro del universo con fuerza y dispone todo con suavidad” (Sab 8,1).

La antífona toma estos textos en su extensión original y agrega la noción de la presencia permanente de la Sabiduría en el mundo, al cual gobierna con firmeza y dulzura. De este modo presenta la idea de la creación continua y la permanencia cósmica de Cristo, ya desarrolladas por Orígenes en el De Principii y por San Agustín en la Carta 137.  

Al final del breve discurso con el cual invita a todos a su banquete, la Sabiduría concluye diciendo: “Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la salvación” (Pro 9, 6) y “El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor y la ciencia del Santo es la inteligencia” (Pro 9, 10). El enunciado conclusivo de esta primera antífona cita justamente este paso conservando el singular camino de la salvación (o de la prudencia), pero pidiendo a la Sabiduría misma, es decir Jesucristo, que nos enseñe este camino en el cual él desea vernos caminar.

Es así que la primera antífona toma algunos textos fundamentales de la corriente sapiencial del Antiguo Testamento, poniendo el acento sobre la obra de la sabiduría, identificada en Jesús, en la creación y en la permanencia activa y benévola en el universo y traza un paralelo con la sabiduría que Cristo enseña, necesaria para conocer el camino que lleva a la salvación.  



lunes, 6 de diciembre de 2021

San Nicolás y las fake news

Un nuevo 6 de diciembre y las redes sociales católicas se llenan de memes que recuerdan la supuesta bofetada que San Nicolás habría propinado a Arrio en el debate del Concilio de Nicea.

La imagen, que duda cabe, tiene su encanto. En primer lugar, es políticamente incorrecta. ¿Un obispo usando la violencia para corregir una herejía?

En segundo lugar, pareciera legitimar nuestros más perversos deseos. Aquella vez que quisimos darle un buen golpe a un cura, obispo o, por que no, papa, al escuchar que decía una gran estupidez.

En tercer lugar, nos acerca el cielo. Al final, San Nicolás fue un poco violento, pero vea usted, eso no le impidió que le dieran la aureola. Ergo...

La realidad es, sin embargo, bastante más compleja...

En primer lugar, no tenemos ningún registro que pruebe que San Nicolás haya estado en el concilio de Nicea. Es más, tenemos pruebas en contrario. Las más antiguas actas de aquel concilio no llevan la firma del obispo de Mira. Esta recién aparece en copias posteriores al siglo VII. 

En segundo lugar, tampoco tenemos ningún testimonio que hable de una bofetada a Arrio en el Concilio de Nicea o en cualquier otro contexto. Esta historia recién aparece en el siglo XIV y no habla de un mamporro al hereje sino a un seguidor del hereje... En cambio, si tenemos claros testimonios de que esta leyenda fue cambiando en los dos siglos posteriores.

En tercer lugar, si hubiera pasado algo semejante, es probable que San Nicolás habría sido castigado duramente. Tenemos registros de varios obispos que perdieron sus sedes por ejercer violencia física contra sus sacerdotes.

Querríamos creer que con todas estas pruebas la discusión está saldada, pero no, el terraplanismo eclesial es bien difícil de refutar. 

Y si las razones son claras, bien vale esta respuesta: "A nosotros nos gusta creer que si pasó". 

Ya lo decía Joseph Heller: "No dejes que la realidad te estropee una buena noticia". 



viernes, 7 de mayo de 2021

Lectura espiritual


Tímpano de la Iglesia de Saint Trophime, Arles s.XII

Los Evangelios son cuatro y nada más que cuatro: como las regiones del mundo, como los vientos más importantes.

Estos cuatro Evangelios, en realidad, son un único Evangelio: un Evangelio cuadriforme, inspirado por el único Espíritu; un Evangelio que tiene cuatro aspectos, los cuales representan la actividad del Hijo de Dios. 

Son como los cuatro querubines descriptos por Ezequiel. Dice el profeta: "El primero tenía el semblante de un león", en el sentido que simbolizaba la acción dominadora y real de Cristo; "el segundo tenía el aspecto de un ternero", lo que manifiesta su función sacerdotal y sacrificial; "el tercero tenía el aspecto de hombre", como indudable referencia a la venida del Señor en la naturaleza humana; "el cuarto tenía el aspecto de un águila que vuela", con clara alusión a la gracia del Espíritu que sopla sobre la Iglesia.

A estos símbolos corresponden los cuatro Evangelios. Cristo está en el centro. 

San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, III, 11, 8. 

jueves, 6 de mayo de 2021

Lectura espiritual


El Hijo de Dios en persona, aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad, expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre, él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumiendo todo lo humano, excepto el pecado. 

Enriquece a los demás, haciéndose pobre él mismo, ya que acepta la pobreza de mi condición humana para que yo pueda conseguir las riquezas de su divinidad.

El buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió en busca de la oveja descarriada, por los montes y collados donde sacrificábamos a los ídolos; halló a la oveja descarriada y, una vez hallada, la tomó sobre sus hombros, los mismos que cargaron con la cruz, y la condujo así a la vida celestial.

Fue necesario que Dios se hiciera hombre y muriera, para que nosotros tuviéramos vida. Hemos muerto con él, para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; hemos sido glorificados con él, porque con él hemos resucitado.

San Gregorio Nacianceno. Sermón 5.

martes, 27 de abril de 2021

El Buen Pastor II

Imagen del buen pastor en las catacumbas de Priscilla.


Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo, busca a tu oveja extenuada.

Ven, Pastor, busca como buscaba José a sus ovejas.

Tu oveja ha caminado errabunda mientras tú tardabas, mientras tú te entretenías por los montes. Deja tus noventa y nueve ovejas y ven a buscar a la que vagaba.

Ven sin perros

Ven sin rudos asalariados.

Ven sin el mercenario, que no sabe pasar por la puerta.

Ven sin ayudante, sin intermediarios, ya que desde hace tiempo estoy esperando tu venida.

Sé que estás a punto de llegar, si es verdad que no he olvidado tus mandamientos.

Ven, pero sin bastón; con amor y con actitud de clemencia.(...)

Ven a mi que estoy oprimido por el ataque de lobos feroces. Ven a mi que, expulsado del paraíso sufro del veneno y de la herida que ha provocado la mordida de la serpiente, 

Ven a mi que me he alejado de tu rebaño por los montes. 

Búscame, pues yo te busco. 

Búscame, hállame, recíbeme, llévame. Puedes hallar al que tú buscas; te dignas recibir al que hubieres encontrado, y cargar sobre tus hombros al que hubieras acogido. No te es enojosa esta piadosa carga, no te es oneroso transportar la justicia. 

Ven, pues, Señor, pues si es verdad que me extravié, sin embargo no olvidé tus mandatos; tengo mi esperanza puesta en la medicina. 

Ven, Señor, pues eres el único capaz de reconducir la oveja extraviada; y a los que dejares, no les causarás tristeza, y a tu regreso ellos mismos mostrarán a los pecadores su alegría. Ven a traer la salvación a la tierra y alegría al cielo.

Ven, pues, y busca a tu oveja, no ya por mediación de tus siervos o por medio de mercenarios, sino personalmente. Recíbeme en la carne, que decayó en Adán. Recíbeme como hijo no de Sara, sino de María, para que sea una virgen incorrupta, pero virgen de toda mancha de pecado por la gracia. Llévame sobre la cruz, que es salvación para los extraviados: sólo en ella encuentran descanso los fatigados, sólo en ella tienen vida todos los que mueren.

San Ambrosio de Milán, Comentario al Salmo 118, XXII, 28-30. 

viernes, 23 de abril de 2021

Biden y el catolicismo progre

Las elecciones presidenciales de los Estados Unidos son, cada vez más, un fenómeno mundial capaz de tener cientos de lecturas diferentes. Las últimas generaron un pequeño terremoto en el ámbito católico. De un lado estaban los defensores de Trump, quienes intentaban presentar al presidente americano como un nuevo Constantino que necesitaba solo de otro mandato para terminar con la labor de reconstrucción del Occidente cristiano que había empezado. Por el otro lado, estaban los defensores de Biden que veían en el candidato demócrata la oportunidad de cortar con la sangría que lleva a cada vez más católicos a las filas del Partido Republicano.

Algunos politólogos e historiadores europeos (por ejemplo los italianos M. Graziano y M. Faggioli, en efecto, en Italia hay un particular interés de la cultura católica por entender el fenómeno del catolicismo americano) trataron de explicar la importancia que tenían estas elecciones en el marco de una Iglesia Católica dividida como “nunca antes”. Según estos, la candidatura de Biden sería parte de una maniobra impulsada entre otros por el papa Francisco para frenar el ataque de grupos cercanos al tradicionalismo, inspirados por el magisterio de Juan Pablo II y Benedicto XVI y dirigidos por Steve Bannon y el cardenal Burke, quienes no solo tenían la intención de dar un golpe de Estado en Roma, sino también el de enterrar las enseñanzas del Concilio Vaticano II. (cfr. “I cattolici spaccati più che mai” de Manlio Graziano aparecido en el Corriere della Sera el 10 de enero del 2021).

La mayoría de estos análisis eran de un simplismo llamativo, y sin embargo, necesitaban de una respuesta ordenada y que conociera en profundidad la realidad americana.

Pues bien, la respuesta ha llegado. Quizás un poco tarde, pero sin ninguna duda oportuna. Un artículo aparecido en estos días en el Washington Post, firmado por Kenneth L. Woodward, católico, simpatizante del partido demócrata y editor de la sección de religión en la revista Newsweek desmonta uno a uno los postulados de estos estudiosos y revela hasta que punto la ideología y el oportunismo pueden crear discursos artificiosos, poco rigurosos y en última instancia inconsistentes.

Joe Biden puede unificar el país. No le pidan que unifique a los católicos.

Por Kenneth L. Woodward.

Las 161 páginas de "Joe Biden y el catolicismo en los Estados Unidos" tienen la brevedad, la valentía y el pensamiento binario de un buen tratado político. Que, de hecho, es lo que es. La hermosa foto de portada de Biden es de calidad de campaña, y la declaración de apertura es audazmente exagerada.

La elección de Biden como el segundo presidente católico de los Estados Unidos, escribe Massimo Faggioli, "por sí sola hizo que las elecciones estadounidenses de 2020 fueran históricamente notables, distintivas tanto en la historia política como religiosa de los Estados Unidos".

Esa distinción puede pertenecer más propiamente a las elecciones de 2004, cuando la mayoría de los votantes católicos no prefirió al candidato católico a la presidencia. El rechazo de John Kerry, el segundo senador católico irlandés de Massachusetts en postularse para el cargo, puso un firme paréntesis de cierre al tiempo en el que los políticos hablaban con seguridad sobre algo llamado "el voto católico".

Faggioli, profesor de teología y estudios religiosos en la Universidad de Villanova, todavía cree que sí se puede hablar.

Antes de su llegada a Estados Unidos en 2008, Faggioli pasó la década anterior en el Instituto Juan XXIII de la Universidad de Bolonia, donde los renombrados historiadores eclesiásticos Giuseppe Alberigo y, más tarde, Alberto Melloni disputaron en un alto nivel hermenéutico con varias universidades pontificias por la correcta interpretación de las reformas del Vaticano II. La visión de Faggioli del papado del Papa Francisco en relación con la de sus predecesores recientes tiene la misma polémica.

Desde estas orillas, Faggioli se ha desempeñado como comentarista frecuente en publicaciones europeas, interpretando eventos políticos y eclesiásticos estadounidenses para audiencias en el extranjero, así como para sus estudiantes de pregrado.

Pero a juzgar por este pequeño volumen, la comprensión de Faggioli de la historia religiosa estadounidense es asombrosamente poco sólida. En el primer párrafo, anuncia que la Iglesia Católica en los Estados Unidos últimamente ha "soportado divisiones internas entre sus miembros como ninguna otra iglesia y como nunca antes en la historia moderna".

¿En serio? Durante la Guerra Civil, los presbiterianos y los bautistas se dividieron en denominaciones separadas y, en los últimos 10 años, la Convención Bautista del Sur, los Episcopaliano y los Metodistas Unidos han sufrido divisiones o cismas absolutos. En comparación, las luchas internas entre católicos liberales y conservadores es un intercambio de escupitajos ideológicos.

Faggioli también afirma que la Iglesia Católica en Estados Unidos tiene "una marcada sensibilidad sobre la cuestión de la libertad religiosa, mayor que otras confesiones en Estados Unidos y en otras partes del mundo". Aparentemente no sabe que los Bautistas, desde Roger Williams hasta la familia Green del reciente caso de Hobby Lobby (NdT.: Se refiere al caso en el que en que una empresa defendió el derecho que tienen sus dueños a operar en sus negocios familiares sin tener que violar sus convicciones religiosas), han hecho de la libertad religiosa su principal preocupación y característica de identificación, sobre todo durante la reciente pandemia.

Más desconcertante es la confusión que hace de la historia electoral católica de Estados Unidos en un libro supuestamente dedicado a este tema. Ciertamente hubo oposición a la fe del primer candidato católico a la presidencia, Al Smith, en 1928, como señala Faggioli. Pero ignora la amenaza real que la candidatura de Smith representaba para los protestantes y para la nación que pensaban de haber construido sus antepasados religiosos: la comprensión de que millones de irlandeses y otros inmigrantes católicos estaban ahora organizados para ejercer un poder político real, como lo simbolizaba las conexiones que Smith tenía con la maquinaria electoral demócrata.

Para empeorar las cosas, esta era la época de la Ley Seca, y en el distrito electoral de Smith, o sea en Nueva York, se bebía y había familias numerosas, dos males que los reformadores sociales, desde la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza hasta el movimiento de control de la natalidad de Margaret Sanger, intentaron erradicar.

En la América de posguerra, los católicos fueron vistos más favorablemente, gracias en parte al pacífico pontificado de Juan XXIII. Pero Faggioli se equivoca al decir que “el establishment protestante” se opuso a Kennedy. En 1960, ese establishment se reunió en el Consejo Nacional de Iglesias. La principal voz organizativa de este grupo fue el teólogo Reinhold Niebuhr, quien, contra Faggioli, apoyó la candidatura de Kennedy. La oposición provino de una banda bastante más pequeña de evangélicos anticatólicos organizada por Billy Graham, un amigo íntimo del oponente de Kennedy, Richard Nixon.

Faggioli también confunde la relación entre los católicos estadounidenses y el Partido Republicano. "Comenzando con la presidencia de Reagan", escribe, "el desplazamiento de los católicos hacia el Partido Republicano ha vuelto su concepción del estado y del gobierno más liberal, aceptando el modelo económico de libre mercado".

Sin embargo, el abrazo de los católicos estadounidenses a la economía de libre mercado comenzó mucho antes de la elección de Ronald Reagan. Había empresarios liberales entre las mayorías católicas que anteriormente apoyaron a Eisenhower en 1956 y a Nixon en 1972. Más concretamente: el autor aún no se ha dado cuenta de que la mayoría de los católicos, como la mayoría de los estadounidenses, votan por el partido, el bolsillo y las personas, pero rara vez por las políticas que los candidatos proponen.

Si bien la presidencia de Reagan atrajo comprensiblemente a católicos políticamente conservadores, la mayoría de los "demócratas por Reagan" fueron el producto de las reformas que hizo George Govern, el candidato del Partido Demócrata, durante la campaña de 1972. El efecto de esas reformas fue eliminar la influencia de los líderes partidarios en los estados y sindicatos, muchos de ellos católicos, y eso dio preferencia a los votantes suburbanos y con mayor educación sobre los de la clase trabajadora blanca.

Cuando Faggioli analiza el momento actual de la política estadounidense, hiperbólicamente plantea la fantasiosa idea de que los partidarios de la "izquierda global" de Francisco y la "América liberal" de Biden luchan contra una conspiración internacional de los conservadores católicos "neos": "neo integralistas", "Neofundamentalistas" y "neorreaccionarios", que se remontan a la iglesia del Papa Juan Pablo II y el "Papa Ratzinger".

En este marco se encuentra el presidente recién electo, un católico que, según Faggioli, es capaz no solo de unir políticamente al país, sino también de "elevarse y superar las profundas divisiones dentro de la Iglesia católica estadounidense".

Pobre Joe. Lo apoyé en las primarias y en noviembre, y le deseo lo mejor con un Senado 50/50. Pero la idea de que un político de carrera, con 78 años, cuyos hábitos de devoción, como los míos, están arraigados en la iglesia de los años '50, anterior al Vaticano II, pueda unir a los católicos de hoy es un gran interrogante.

También es demasiado pedir a un presidente que, como otros políticos católicos, se ha visto comprometido moralmente por la insistencia del partido de que todos los funcionarios apoyen una política sobre el aborto más extrema que cualquiera hecha por un partido europeo. Faggioli describe eufemísticamente la postura de Biden sobre este asunto como "evolucionada" y "moderada".

Nunca sabría por este libro que Francisco, como sus predecesores inmediatos, ha condenado repetidamente la práctica del aborto, una condena que, por otra parte, se remonta a los primeros documentos de la iglesia cristiana.

Las expectativas de Faggioli para Biden asumen, como él escribe, que los presidentes estadounidenses son líderes religiosos, políticos y morales. Billy Graham también pensaba lo mismo, razón por la cual se opuso a Kennedy. Más de 60 años después, Faggioli no tiene excusa para cometer el mismo error.


jueves, 22 de abril de 2021

Lectura espiritual


Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la perfección del hombre. El alma obtiene grandes ventajas de la lectura de la Biblia.

Como un árbol plantado sobre la orilla de un río, el alma regada de la Biblia adquiere vigor, produce un fruto sabroso, esto es la fe auténtica, y se adorna con miles de hojas verdosas, o sea de acciones que gustan a Dios.

La Biblia nos conduce a la perfección pura y a las acciones santas. En ella encontramos la exhortación a todas las virtudes y la advertencia a todos los males. 

Por eso llamemos a la puerta de este magnífico jardín que es la Biblia. 

Es un jardín perfumado, suave, bellísimo. Encanta a nuestros oídos con la dulce polifonía de las aves espirituales y divinas, toca nuestro corazón, nos consuela en la tristeza, nos aplaca en el momento de la ira, nos llena de alegría eterna. 

Llamemos con diligencia y con constancia. No nos desalentemos de llamar. La puerta nos será abierta. 

Si hemos leído una página de la Biblia dos o tres veces y no la hemos entendido, no nos cansemos de releerla y de meditarla. 

Busquemos en la fuente de este jardín el agua que brota y sube hasta la vida eterna. Gustaremos una alegría inagotable, porque inagotable es la gracia del jardín de la Biblia. 

San Juan Damasceno, Sobre la Fe ortodoxa, 4, 7.

miércoles, 21 de abril de 2021

Lectura espiritual


Al príncipe de este mundo le ha sido ocultada la virginidad de María, y su alumbramiento, al igual que la muerte del Señor: tres misterios sonoros, que fueron realizados en el silencio de Dios. ¿Cómo, pues, fueron manifestados a los siglos? Un astro brilló en el cielo más que todos los demás, y su luz era indecible, y su novedad sorprendente, y todos los otros astros junto con el sol y la luna se formaron en coro alrededor suyo y él proyectó su luz más que todos los astros. Y ellos se turbaron preguntándose de dónde venía esta novedad tan distinta de ellos mismos. Entonces fue destruida toda magia, y toda ligadura de malicia abolida, la ignorancia fue disipada, y el antiguo reino arruinado, cuando Dios se manifestó hecho hombre, "para una novedad de vida eterna". Y lo que había sido preparado por Dios se comenzó a realizar. Desde entonces, todo se conmovió porque la destrucción de la muerte se preparaba.

San Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios 19

martes, 20 de abril de 2021

Decálogo VII



La séptima entrega del Decálogo de Krzysztof Kieslowski comienza con los gritos de una niña que resuenan en el cemento del barrio de Stowki. La niña se llama Ana y vive en uno de los edificios junto con su hermana Majka, su madre Eva, y su padre Stefan.

Ana parece tener frecuentes pesadillas y es común que durante esos sueños grite sin despertarse. Su hermana no logra calmarla. Solo se tranquiliza cuando su madre la despabila

Majka parece una joven triste. La relación con su madre es tormentosa, mientras que su padre es una persona ausente, que se dedica a su trabajo como músico porque no soporta a su avasallante esposa.

Quizás por eso, Majka está pensando en irse de su casa. Tramita el pasaporte para viajar a Canadá y piensa que Ana podría acompañarla, pero para poder hacerlo necesita una autorización de su madre.



Una tarde, después de una obra de teatro, Majka se lleva a Ana con la excusa de jugarle una broma a su mamá. La niña sospecha que algo no va bien y le pregunta si la está raptando, a lo que Majka le contesta que no.

En una calesita le cuenta algo que ya imaginábamos, Majka es en realidad la madre de Ana. La niña, que no se muestra sorprendida, le pregunta si eso quiere decir que no tiene padre. A lo que Majka responde: “Por supuesto que tienes un padre”.

Mientras tanto, Eva llega a su casa llorando. Le dice a su marido que ha desaparecido Ana y se tira en la cama. Lo que ha sucedido la inquieta, pero no la sorprende. Tampoco a su marido.

Majka lleva a Ana a conocer a su padre, llamado Wojtek, que vive en una casa de madera, alejado de la ciudad. Wojtek no está contento de ver ni a Majka ni a la niña. Hace tiempo fue profesor de literatura de Majka. Pero ahora hace osos de peluche y ha dejado de escribir.

De a poco, tanto en una casa como en la otra, comienzan a aparecer los reproches. Eva le dice a su marido que Majka fue su preferida, pero que Ana era toda de ella y que la tiene que recuperar. Wojtek le dice a Majka que no se puede volver el tiempo atrás, que ella no había defendido la relación que tenían cuando se enteraron sus padres. “No puedes ahora robarte a la niña” le dice Wojtek. Y Majka contesta: “Acaso es robar recuperar lo que es mío”.

En ese punto se ve la profundidad de Kieslowski y Piesewicz para plantear el problema. Ante el mandamiento “No robar” ellos no se han quedado en lo material. El rapto de Ana por parte de Majka es la parte superficial del problema. La pregunta es que pasa cuando se roba algo que no se puede recuperar. En este caso la infancia de la niña y la maternidad de Majka. El film expone bien los límites de un amor posesivo, que busca la satisfacción propia y no el bien de la persona amada y las destructivas consecuencias que esto genera en una familia

De hecho Majka es una persona sin identidad. No logra hacer que Ana la llame mamá y que la vea como su verdadera madre. Anulada en su propio ser solo puede lastimar a Eva. Para castigarla le dice que si quiere volver a ver a la niña debe asumir que es la abuela. Le da dos horas para que lo piense. Mientras habla en el teléfono, la sombra del Testigo Silencioso aparece atrás.

Eva le pide a su marido que use las influencias que tienen en el Estado para recuperar a la niña. Stefan le dice que ya desde hace tiempo, por culpa de ella, no habla con los amigos que tenía. Pero igual obedece y le pide ayuda a un jerarca del gobierno. Este le explica que lo único a su alcance es bloquear el pasaporte de Majka. Ironías kieslowskianas: Stefan que no se preocupa por la suerte de su hija se preocupa de haber despertado a los hijos de su amigo.

Majka vuelve a llamar a su madre para ver que ha decidido. Esta le ofrece que pueda ver a la niña los fines de semana, pero el resto del tiempo vivirá con ellos. Como en tantos divorcios, la niña es un botín de guerra.

Finalmente Majka entiende que nada puede hacer. Le cuenta a Wojtek que la niña grita por la noche y que no la puede calmar. Wojtek todavía dolido, ve en toda la situación un problema de que tiene que escapar. Como Stefan, también él es un hombre sin carácter. Le ofrece a Majka pedirle a un amigo que la lleva de nuevo a Varsovia, y cuando va a buscarlo Majka y Ana se vuelven a escapar.

La idea de Majka es tomar el primer tren que pase por la estación para que no la puedan alcanzar, pero es domingo y los trenes no salen hasta tarde. La empleada del tren le da unas mantas para que duerman en la estación.

Mientras tanto Wojtek ha llamado a Eva y le ha dicho que su hija y su nieta han estado con él, pero que ahora se han escapado y no las encuentra. Unos y otros organizan la búsqueda. Wojtek ve uno de sus osos de peluche cerca del río. Pero en lugar de seguir la buscado termina internándose en el agua.

Eva y Stefan llegan a la estación. Allí preguntan si han visto una mujer y una niña. Ana al escuchar la voz de Eva se despierta y va a abrazarla llamándola: “¡Mamá!”. Majka, sin decir una palabra, sale corriendo y sube al primer tren que ve. Eva no la detiene, prefiere tener entre los brazos a la niña. La tensa música de Preisner que nos ha acompañado toda la película, vuelve a sonar. Las miradas se encuentran. La de Majka dese arriba del tren. Las de Stefan, Eva y Ana desde el andén. Ana logra zafarse de los brazos de su abuela y corre por el andén siguiendo el tren donde se va su madre. Abre la boca y hace una mueca, pero no grita.


En el fondo de la estación se ve un hombre alto y flaco, probablemente el Testigo Silencioso, que lentamente camina con dos muletas. Renguea como toda la historia, una de las más tristes de todo el Decálogo.

lunes, 19 de abril de 2021

Lectura espiritual


Para ver las cosas visibles tenemos necesidad de los ojos del cuerpo. 

Para comprender las cosas intelegibles tenemos necesidad de los ojos de la mente

Para la visión de las cosas divinas necesitamos de la fe.

Aquello que es el ojo para el cuerpo es la fe para la razón. 

Más precisamente: el ojo necesita que la luz lo ponga en contacto con las cosas visibles; así la razón necesita que la fe le muestre las cosas divinas.

Teodoreto de Ciro, Terapia de las enfermedades de los paganos.

viernes, 16 de abril de 2021

Liturgía


Oh Rey glorioso, todo aquel que es esclavo de deseos y pasiones es indigno de presentarse a Ti, acercarse a Ti, servirte a Ti, porque servirte a Ti es algo grande y tremendo. 

Pero Tu, por tu inmensa bondad y tu inefable misericordia, cuando te encarnaste te has hecho nuestro Pontífice y nos has trasmitido, oh Señor del Universo, la tarea de servirte con este Sacrificio incruento. 

Tu solo, oh Señor, reinas sobre las realidades celestes y terrenas. Tu eres el único Santo y en los santos encuentras tu morada. 

A Ti solo rezo, tu que eres bueno y dispuesto a escucharme. 

Mírame pecador y siervo inútil. 

Purifica mi alma y mi cuerpo de las malas intenciones. 

Con la potencia del Espíritu Santo, has que sea revestido de la gracia del sacerdocio, pueda presentarme a este tu banquete para consagrar tu Cuerpo inmaculado y tu Sangre preciosa. 

No me alejes de tu rostro, no me rechaces como tu siervo. Concédeme, aunque sea pecador e indigno, de ofrecerte estos dones. 

Tu, oh Cristo Dios nuestro, eres aquel que ofrece y que es ofrecido, aquel que recibe y que es recibido. 

A ti te damos gloria, a ti que eres una sola cosa con el Eterno Padre y con tu Espíritu todo santo, bueno y vivificante, ahora y por siempre. 

De la Divina Liturgia atribuida a San Juan Crisóstomo.

jueves, 15 de abril de 2021

Lectura espiritual


Mosaico de San Máximo en el monasterio de Néa Moní, Isla de Quios, Grecia.

¿Cómo es posible la oración incesante? Cuando cantamos los salmos, cuando leemos, cuando servimos al prójimo es muy fácil que la mente divague detrás de pensamientos e imágenes. 

Y sin embargo la Escritura nada prescribe que sea imposible. Lo mismo San Pablo cantaba los salmos, leía, daba su servicio apostólico y no por eso rezaba menos. 

Oración incesante significa tener la mente siempre dirigida hacia Dios con gran amor, tener viva la esperanza en Él, tener confianza en Él en todo lo que hagamos y en todo lo que nos suceda. 

Es el comportamiento que tenía el Apóstol cuando escribió: ¿Que nos separará del amor de Cristo? ¿Quizás la tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿Los peligros? Ni la muerte, ni la vida, ni cualquier creatura nos podrá separar del amor de Dios que está en Jesucristo. 

Gracias a esta disposición del alma, Pablo rezaba incesantemente. En todo aquello que hacía y en todo lo que le sucedía, él tenía viva la esperanza en Dios. 

Y como él todos los santos, para poder alcanzar el amor de Dios se alegraron de las propias tribulaciones. 

Es por eso que el Apóstol mismo escribió: Muy gustosamente me glorio de mis debilidades para que habite en mi la potencia de Cristo. Cuando soy débil es entonces que soy fuerte. 

San Máximo el Confesor. Libro ascético 25.