jueves, 10 de octubre de 2013

Constantino y la doctrina cristiana

Al promediar el siglo IV, cuando apenas comenzaba a arder la crisis Arriana, Constantino, quien a la postre era el emperador de todo el Imperio, mando una carta a los jefes de partido, criticándolos por haber dividido al pueblo por la interpretación de un pasaje del Antiguo Testamento, sin necesidad y por el solo deseo de discutir.

"La carta termina con una calurosa exhortación a la concordia y a la fraternidad, para restituir la tranquilidad al pueblo y al mismo emperador.
La singular apreciación que hace Constantino sobre la grave controversia entre Alejandro de Alejandría y Arrio, no ha dejado de asombrar a los estudiosos modernos, e incluso ha hecho pensar que la carta fuera una falsificación arriana. En realidad, la reacción de Constantino es típica de quien, aún teniendo simpatía y propensión por el cristianismo, todavía no ha logrado familiarizarse con su compleja doctrina y mucho menos con su peculiar forma mentis. El ser radicada en un cuerpo de doctrina, cuya integridad era sentida como esencial para la existencia misma de la Iglesia, constituía la característica que distinguía radicalmente la religión cristiana respecto a las religiones paganas, fundadas sobre las observancias del culto o, en general, sobre pocas creencias fundamentales". (La Crisis arriana del siglo IV, Manlio Simonetti). 

Y si. Desde hace años venimos escuchando que el cristianismo no es un doctrina, no es una moral. Que es el encuentro con una persona (o algo así) y patatin y patatan. Y claro, si al final no es una doctrina, no nos tendría que sorprender que, aquellos que no fueron elegido por su buena doctrina, elijan a un  Constantino, que "se ne frega" de la doctrina y diga que cualquier discusión al final es sutil. Y que lo importante es el diálogo y respetar lo que cada uno piense. Y no hacer olas...
para no ahogarnos. 

3 comentarios:

  1. Estimado:
    Cuando un converso al cristianismo habla sobre su proceso de conversión, generalmente habla de cómo fue interpelado por el Señor, cómo lo reconoció y cómo fue amado por Él, y cómo él respondió a Su amor. No conozco ningún testimonio de alguien que se haya convertido "a la doctrina". Sí puede ser que haya encontrado a Dios y a la Fe en las Verdades contenidas en el cuerpo doctrinal (como pudo pasarle al Beato Newman); pero nadie se convierte a un cuerpo de dogmas, excepto raras excepciones. Porque si encuentra la Verdad doctrinal, pero rechaza el amor paternal del Padre, ¿qué clase de cristiano se es entonces?
    Cierto athonita afirmó cierta vez -ignoro si en más de una oportunidad- que "se requiere un trabajo de orfebre, de rostro por rostro, para llevar el Evangelio". Y eso, justamente por aquello: interpelar como Dios nos interpela. Amar como Dios nos ama. Por supuesto, si no hay una sana Doctrina detrás, como fundamento y cimiento último -y por qué no primero- de la Fe, es un amor que puede volatilizarse y finalmente disolverse.
    Espero haberme podido explicar correctamente.

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  2. Estimado: Estamos de acuerdo. Ahora bien, yo aquí no hable de conversión. Y aún en el tema de la conversión hay muchas y de muchos tipos. En todo caso creo que podemos estar de acuerdo en que Cristo es una persona y es él el que convierte con el Espíritu Santo. Pero el cristianismo es una doctrina. Tantos han dicho sentirse llamados por Cristo y sin embargo no han sido elegido (o ellos no han elegido) la Iglesia. Y esto sin querer utlizar la frase evangélica para hacer esta distinción. O si usted quiere muchos siguieron, vieron y escucharon a Cristo, pero no todos lo siguieron en su muerte y resurrección. Entonces si, para llegar al Cristianismo tenemos que encontrarnos con una Persona, pero para seguirlo, tenemos que oír su palabra y ponerla en practica. (Mt 7,21-27)

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  3. Con este pontificado, vuelve el Sr. Autaut. Saludos a Etet, que se va de viaje. El cristianismo es un acontecimiento, es un encuentro, es una fe y por ende una doctrina, es una esperanza y un amor que se muestra en el cumplimiento de los mandamientos de Dios. Es todo eso, como dice el Sr. Etet

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