lunes, 20 de febrero de 2012

Aquel "otium" que nos conduce a Dios




Hace un tiempo discutiamos en un blog y con algunos amigos el tema de la "objetividad litúrgica". En algunos ambientes se relaciona "objetividad" con las rúbricas del Misal de Juan XXIII en contraposición de la "subjetividad" de la libre interpretacíón del Misal de Pablo VI. Dejó aquí la traducción de algunos fragmentos de un texto de monseñor Guido Marini, maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, donde tangencialmente toca el tema de la liturgia como oración "objetiva" que debe repercutir "subjetivamente". 

"El alma humana esta llamada a cumplir el itinerario hacia Dios, a realizar la propia santificación. Esta es la obra principal y decisiva de su vida, su deber primario. Esto se realiza a partir de aquella acción sagrada que es la liturgia. Sagrada porque es acción de Cristo y de su cuerpo que es la Iglesia. Sagrada porque es el ejercicio de la acción sacerdotal de Jesucristo.
La liturgia es esencialmente actio Dei que nos une a Cristo por medio del Espíritu. La liturgia, entonces, poseé una sacralidad o santidad objetiva a la cual cada uno debe acercarse para poder proceder en el camino de la propia santidad subjetiva. 
La Escritura proclamada por la Iglesia en el culto litúrgico, es la Palabra viva y actual de Dios, así que hace posible una relación personal entre Dios y el hombre en la sucesión del tiempo. El acto litúrgico tiene la capacidad de sustraer a la página de la Escritura el gusto subjetivo y transitorio, donándole al alma humana aquella voz de Dios que debe ser acogida en el presente de nuestra vida. De este modo, la primacía no es dada a la disposición interior individual, sino a aquello que hoy en el acto litúrgico el Señor desea decir a su pueblo, educándolo a la vida evangélica. Es por esto que el Misal Romano nos recuerda que la Liturgia de la Palabra debe ser celebrada en modo de favorecer la meditación y se debe evitar aquello que impide el recogimiento. 
En la celebración litúrgica no es el hombre el que se une al Señor, sino que es el Señor el que conduce al hombre a su propia intimidad. Para san Pablo toda la vida del cristiano es un sacrificio que no tiene solo una referencia necesaria y continua al misterio de Cristo, sino a su presencia. El cristiano participa al misterio mismo, hecho presente en el acto litúrgico, en la oferta sacrifical. En virtud de la obra del Espíritu Santo se vuele real la contemporaneidad entre el misterio de salvación y el tiempo del hombre. 
La referencia a la dimensión del sacro, inherente a la liturgia, para ilustrar el itinerario del alma hacia Dios pretende privilegiar la dimensión objetiva de la vida espiritual respecto al camino subjetivo. Lo que, en otros términos, significa también afirmar la primacía del camino de recibir el don respecto a aquella de la confusa y angustiada busqueda. Al final, se trata de lo específico de la fe cristiana, aplicado al itinerario espiritual del hombre. 
El Santo Padre Benedico XVI, en su discurso, señala el oscurecimiento del signifcado cristiano del misterio, mostrando el posible peligro así "Como sucede cuando en la Santa Misa no aparece más en primer lugar y actuando Jesús, sino una comunidad ocupada en muchas cosas, en lugar de estar recogida y dejándose atraer hacia lo Único necesario: su Señor. Entonces lo principal y fundamental del fiel cristiano que participa a la celebración litúrgica no es hacer, sino escuchar, abrirse, recibir", Es entonces más importante que nunca vigilar con atención la dimensión contemplativa de la liturgia, aquella particular forma de "otium" que es el espacio espiritual de la apertura y participación al Misterio celebrado. El alma cristiana tiene de frente a si un doble camino:  aquel del "otium" y aquel de la acedia, entendida como falta de armonia con el propio ser y   con Dios. La acción sagrada de la Iglesia, que es la liturgia, se propone al alma cristiana como escuela alta de "otium", o de aquella contemplación activa que abre a la participación de la salvación donada por Dios. Es propio en virtud de este "otium" que el alma cristiana puede cumplir el propio itinerario hacia Dios."

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