martes, 5 de julio de 2011

R.



La respuesta al último comentario del Coronel Kurtz se hizo un poco larga y devino en Carta post. 

Estimado Coronel Kurtz:

    Como siempre le digo, un gusto tenerlo por aquí.
   Yo tampoco estuve nunca en las celebraciones de la Virgen del Milagro de Salta o en las de la Rioja. Lamentablemente conozco muy poco las celebraciones tradicionales de la América colonial. También un amigo me contaba sobre el redescubrimiento de la música de las misiones jesuíticas, donde encontraron a los indígenas que todavía veneraban las antiguas partituras y se trasmitían la interpretación de generación en generación aún sin conocer el latín.
   No voy a ser yo quien quite valor a estas celebraciones (Justamente el domingo después de una triste misa reflexionaba sobre lo milagroso de que con esas celebraciones haya todavía algo de fe), 
   Creo que la liturgia es parte fundamental del problema. Pero es parte. En el post me refería al problema de la tradición en general, que incluye a la liturgia pero no se agota en ella. Porque creo que la tradición incluye una liturgia, pero también una teología, una cosmovisión (para decirlo de alguna manera), una moral, una espiritualidad, una estética, etc. Es cierto que un aspecto refleja en parte todo el problema, pero el problema en su totalidad es más grande que ese aspecto. 
   Me parece que los oasis de tradición que de una u otra forma aparecen en Europa no están unidos a una sola forma sino a la totalidad. Por eso, el acentuar la importancia de una sola manifestación, por más importante que esta sea, está en si mismo destinado a fracasar como estrategia más allá de que pueda ser útil como táctica. 
    La sensación es que en la Argentina esa tradición llegó en forma fragmentaria. Muy fuerte en el aspecto intelectual, sobre todo en lo filosófico o incluso en lo literario (aunque menor de lo que solemos creer...). Débil en lo teológico, en lo espiritual o en lo litúrgico. El resultado fue que cuando la Iglesia Universal se sumergió en la crisis ese desarrollo desparejo generó, a su vez, patologías particulares.
    De todos modos la mía es solo una hipótesis. Me gustaría conocer su opinión.  
    Un abrazo en Cristo. Gelfand.

1 comentario:

  1. Estimado,

    gracias por dedicarme un post. No creo que mi comentario lo valiera.

    Como dije antes, en general estoy de acuerdo con el planteo. De hecho, ya lo dijo el P. Petit de Murat hace más de 40 años (¡!).

    Mi comentario iba por el lado de matizar. Quizá como porteño, con amigos y familia política del Interior, estoy un poco acomplejado, pero --aunque de menor hondura que la cultura europea remanente-- existe aún una cultura tradicional en algunos lugares. Claro que, muchas veces, esas tradiciones han sido pisoteadas por porteños o (peor) provincianos formados en Bs. As.

    El último caso que me viene a la mente es el de Itatí. A los últimos rectorres del santuario, con la complicidad de sus obispos, se les dio por convertir lo que era una devoción cargada de tradiciones centenarias en una reivindicación indigenista y demagógica. Por ejemplo, las viejas familias de donde se sacaban "las vestidoras" de la Virgen, fueron reemplazadas por gente "del pueblo" --amigos del cura de turno--. La vieja rectoría fue convertida en un salón de actos, destrozando su histórico interior. Y así otras cuantas barbaridades.

    Y esto enlaza con un comentario que le dejé a un post anterior. Muchas de estas tradiciones no desaparecieron por agotamiento (muchas otras sí), sino por imposición de la autoridad civil o eclesiástica en un país como el nuestro atravesado por el caudillismo y el clericalismo. Pienso ahora en una innovación cercana: la prohibición del Card. Bergoglio de que las parroquias celebren el Vía Crucis del Viernes Santo por separado. Algunos de estos viacrucis eran híper tradicionales (especialmente los barriales), incluso --salvando las distancias-- asemejando los de Sevilla, Cádiz, etc. De golpe y porrazo, el autoritario arzobispo de Bs. As. los liquidó.

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