jueves, 28 de abril de 2011

Desde el infierno


Hace algunos días, en un hecho que para algunos fue histórico, el Papa respondió en televisión preguntas que distintas personas le hicieron. No he visto el programa. Ni esperaba que sucediera nada trascendental. Ahora leo que el Papa hablará con los astronautas del transbordador espacial "Endeavour". Alguna vez espero de entender ciertas políticas comunicacionales del Vaticano. Como si todavía no se hubieran enterado de la situación de la Iglesia.
En fin, el programa no me generaba especial interés. Hasta que dos blog (Sandro Magister y Ex orbe) llamaron la atención por una de las respuestas de Su Santidad a la pregunta sobre el descenso a los infiernos de Cristo, que los cristianos confesamos en el Credo. Es una pregunta difícil, llama la atención que haya sido elegida y uno sospecharía que fue preparada.
La respuesta del Papa trae cierta polémica. Ya en otros discursos Benedicto XVI había explicado el hecho de una forma no convencional. A mi me llamaron la atención tres puntos:

a) "este alma humana (de Cristo) abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado."

Hay algunos términos que me parecen imprecisos. ¿Cuáles son los confines del ser humano que el alma de Cristo abraza? ¿Quiénes son los perdidos? ¿Los condenados por el pecado? ¿O los que genéricamente no han alcanzado la meta de sus vidas? La respuesta parece presuponer que la meta de todo hombre es Dios mismo y el no haberla alcanzado significa haber sido separado de Dios. Si así fuera se contrapone con lo que el mismo Papa había dicho inmediatamente antes, que "el alma de Jesús esta siempre en contacto con el Padre". ¿Puede el alma de Cristo estar en contacto con el Padre y a la vez no estarlo? La teología clásica hacía una distinción entre el infierno de los condenados y los infiernos de todos aquellos que esperaban la resurrección antes de Cristo. El Catequismo (citando el Catechismo Romano 1, 6, 3) dice que "son estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos. Jesús no bajó a los infiernos para liberar a los condenados" (CIC 631 ss). Y aclara con fuerza que la expresión significa que Cristo conoció verdaderamente la muerte, esto es la separación del alma y del cuerpo. 
Las palabras del Papa son imprecisas, pero la sensación que queda es que siguiendo a otros teólogos como von Balthasar, parece querer significar que también el alma de Cristo conoció de alguna manera la separación de Dios que vive aquel que es condenado. 

b) "Dicen los Padres de la Iglesia, con una imagen muy hermosa, que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas.".

Los Padres creían que a quien había Cristo tomado de la mano era a la persona de Adán y Eva que eran considerados justos por haberse arrepentido del pecado cometido. No a toda la humanidad sin distinción. También los condenados forman parte de la humanidad y a estos Cristo no los puede encaminar hacia ningún lado y mucho menos hacia las alturas. 

c) "creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, necesitaremos ser purificados. La mirada de Jesús nos purifica y además nos hace capaces de vivir con Dios, de vivir con los santos, sobre todo de vivir en comunión con nuestros seres queridos que nos han precedido."

Todos nosotros (todos los hombres) es una proposición universal. A fuerza de ser precisos no todos deben ser purificados. La Virgen María es seguro que no (Cfr. CIC 1024). Pero en verdad Ratzinger esta haciendo extensivo a todos los justos aquello que la tradición consideró que era solo para algunos. Pareciera querer decir que todos deberán pasar por el Purgatorio para llegar al cielo. El CIC dice que "los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados viven para siempre con Cristo" (CIC 1023). De la vida de algunos santos pareciera desprenderse que nada tenían ya que purificar. 

A mi me llaman particularmente la atención estas imprecisiones claras en un teólogo del calibre de Ratzinger. Es por eso que he querido contraponerlas al catecismo sin entrar en discusiones teológicas más elaboradas. Y es que como dice el blog Ex Orbe, por momentos pareciera que el teólogo Ratzinger, le gana el lugar al Papa Benedicto XVI, y elabora teorías teológicas que trascienden los simplemente especulativa para pasar a lo Magisterial con resultados, al menos, inquietantes. 

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