lunes, 18 de abril de 2011

La caída según Doroteo de Gaza




Doroteo de Gaza fue un monje y abad del siglo VI. Su vida transcurrió en el anonimato. Sin gozar de gran fama mas allá de la zona donde vivió. Su voz es una de las más amables monaquismo antiguo y su trasmisión de la tradicion ascética y espiritual de los Padres del desierto abunda en cordialidad y simplicidad. Aquí dejo un texto en el que explica la situación del hombre después de la caída en el pecado y la necesidad de la humilidad para una verdadera conversión. 
¡Mirad hermanos míos que cosa hace el orgullo!¡Mirad cual es la potencia de la humildad! Si desde el principio el hombre se hubiese humillado y hubiese obedecido a Dios observando sus mandamientos, no hubiera caído. Pero no es suficientes: también después del desorden al que se abandonó, Dios le dío ocasiones de arrepentirse y recibir la misericordia, pero su cabeza se mantuvo soberbiamente alzada. Viene a él y le dice "Adan, donde estás?" y quería decir "Desde que gloria y a cual vergüenza has llegado" y le pregunta "¿Porqué has pecado? ¿Porqué has transgredido?" y con esto lo exhortaba propiamente a decir "Perdón". Pero donde esta la respuesta "Perdón". Ninguna humillación, ningún arrepentimiento. Al contrario, responde "La mujer que me tu me has dado me ha engañado". No dice "Mi mujer" sino "La mujer que me tu me has dado" como diciendo "La desgracia que me ha hecho caer sobre la cabeza". Es así, hermanos, cuando el hombre no es capaz de reprocharse a si mismo, no ahorra ni a inculpar a Dios en persona. Cuando Dios pasa a la mujer y dice "Porqué tampoco tu has observado los mandamientos" como queriendo decir "Di al menos tu perdón para que tu alma se humille y te pueda dar misericordia", pero de nuevo ningún "Perdón" ; también ella responde diciendo "La serpiente me engaño" como queriendo decir "Si ha pecado él, yo que tengo que ver". ¿Que hacéis desgraciados? Haced al menos una metanoia, reconoced vuestra caída, tened piedad de vuestra desnudez; pero ninguno de ellos se digno de inculparse a si mismo, ninguno mostró de tener la mas mínima dosis de humildad. (Enseñamientos Espirituales, Dorote de Gaza, Humildad).

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